TODOS LOS SERES HUMANOS ESTÁN INMERSOS EN LA BÚSQUEDA DE LA PAZ INTERIOR. Y, AUNQUE CONOCEN LOS CAMINOS MUNDANOS Y PUEDEN OBTENER TODO LO QUE DESEAN, SABEN QUE LO MÁS PRECIOSO ES LA PAZ INTERIOR PERO ¿QUÉ ES ESTA PAZ? ¿UNA IDEA? ¿UNA EXPERIENCIA? ¿CÓMO SE PUEDE ENCONTRAR?







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viernes, 7 de junio de 2013

Desaprovechamos el talento de los introvertidos


Susan Cain, autora del libro 'El poder de los introvertidos en un mundo incapaz de callarse' (RBA). Aaron Fedor
Susan Cain sostiene que desembocó en la abogacía de las grandes empresas teniendo que forzar su naturaleza para triunfar, pero que nació para el estudio de la personalidad. Lo demuestra el que se formara de manera autodidacta en psicología, que dedicara siete años a escribir El poder de los introvertidos en un mundo incapaz de callarse (RBA) y que sospeche que va a invertir el resto de su vida en seguir explorando su especialidad.
La posición de desventaja de los introvertidos respecto a los extrovertidos en la sociedad le parece equivalente a la de la mujer frente al hombre en los años 50. “Entonces se entendió que debía producirse un verdadero cambio cultural, que la sociedad en su conjunto estaría mejor si se igualaban las condiciones de ambos sexos. El paralelismo con la discriminación actual en el ámbito de la personalidad es evidente”, señala.
Cain ofrece una media de 50 conferencias al año por Estados Unidos y Europa con el propósito de ayudar a la gente a superar la culpabilidad que siente por necesitar más soledad y por no sentirse tan a gusto socializando como sus allegados, así como para enfrentarse a la timidez y al miedo escénico. “Muchas personas –dice– sufren un agudo dolor psíquico por ello. No sólo eso, diseñamos nuestras escuelas y lugares de trabajo pensado sólo en los extrovertidos y desaprovechamos fatalmente el talento de los introvertidos”.
La escritora estadounidense, de 45 años, recibió al Magazine en una casa de campo de 1882 circundada por magnolios y ubicada en las afueras de una apacible localidad a orillas del río Hudson, a tres cuartos de hora en tren de Manhattan.
¿Dice que estaba destinada a escribir este libro?
De muy pequeña ya capté la necesidad de aprender a ser alguien que en verdad no era. Después me hice abogada con despacho en Wall Street y al empezar me convencí de que debería ser enérgica y desafiante pero, al mirar a mi alrededor, me di cuenta de que muchos de mis colegas más capacitados no eran así en absoluto, sino callados y reservados, y que era precisamente eso lo que les permitía destacar tanto.
¿Qué le sorprendió al profundizar en la cuestión?
Dividimos a la gente por género, raza, edad, nivel económico… todas ellas categorías significativas, pero la introversión/extroversión lo es tanto o más. Pese a ello, se la ha arrinconado. Por ejemplo, no se la suele citar al hablar de la identidad.
¿Cuáles son los errores y los malentendidos más comunes cuando se describe a los introvertidos?
Cuando menciono la palabra “introvertido”, la mayoría asume que me refiero a alguien sin ninguna competencia social, cuando lo cierto es que están por todos lados, ya que conforman entre un tercio y la mitad de la población mundial. Además, hay multitud de personas introvertidas que jamás dirías que lo son, ya que no actúan según sus parámetros, con frecuencia por temor a lo que pensarán sus jefes. Otra equivocación es creer que los introvertidos no pueden ser excelentes líderes cuando, de hecho, una generosa porción de aquellos que encabezaron los movimientos por los derechos civiles lo eran.
¿Las redes sociales podrían llegar a redefinir algunas de las teorías que sostiene en su libro, por ejemplo, haciendo que los introvertidos se sientan menos marginados y que los extrovertidos presten más atención al resto?
En general, las redes sociales son una herramienta útil para los introvertidos, una suerte de plataforma cómoda al facilitarles el conectar con muchas personas sin salir de casa o de la oficina. Al mismo tiempo, generan una gran ansiedad, en especial entre los jóvenes, porque se basan en un juego de representación cara al exterior. Te fuerzan a componer una visión extrovertida con la que no todos pueden sentirse cómodos. También para los adultos existe una presión que les empuja a que tuiteen, cuelguen contenidos en Facebook… lo que puede antojarse intrusivo para los que deseen llevar una existencia más privada.
¿Cómo deberían organizarse las aulas y las oficinas para garantizar el óptimo rendimiento de todo tipo de personalidades?
Actualmente ha arraigado la idea de “formar equipo”, por lo que tanto en unas como en otras se tiende a distribuir a las personas en grupos de colaboración. Por el contrario, lo más inteligente sería garantizar el desarrollo de las actividades en solitario. Los espacios diáfanos y abiertos en los lugares de trabajo son un error, inhiben y desconcentran a los introvertidos. Por otro lado, muchos profesores tienden a pensar que algo malo ocurre con los alumnos callados y tímidos, de lo que se deriva que necesitan ser tratados de manera diferente. Lo cierto es que, sin dejar de procurar obviamente que se relacionen con sus compañeros, se les debería respetar tal cual son y no forzar su sociabilidad.
¿Por qué no se aplican con mayor eficiencia estos conocimientos?
La empatía y la colaboración son importantes, pero no sabemos exactamente qué queremos decir con ello. Asumimos que el niño gregario es también sociable, lo que no es necesariamente cierto. El gregario es alguien que requiere muchos estímulos, por lo que se siente atraído por los grupos numerosos, a los que acude en busca de acción, no porque sea empático por naturaleza. El tímido y vergonzoso es el que sufre al ser visto como el antisocial cuando puede ser afectuoso, participativo y tener un gran corazón.
¿Nacer hombre o mujer puede resultar determinante para ser introvertido o extrovertido?
De acuerdo con los estudios, no tiene la menor incidencia, está repartido en un 50%/50%. Sí es verdad que hombres y mujeres no experimentan su introversión de la misma manera dadas las expectativas que activan los estereotipos culturales. Para ellos, la dificultad es que se espera que sean dominantes, algo con lo que los introvertidos no podrían sentirse más incómodos. Con las mujeres, al presuponerse que son dulces y cálidas, se confía en que actúen con cordialidad y que hagan que todos se sientan bien, el síndrome de la azafata, vaya.
¿Hasta qué extremos la obsesión de la televisión con la fama y de la publicidad con hacerse notar conspiran contra los introvertidos?
Esas dos fuentes tienen su responsabilidad, pero la madre de la bestia es la cultura de los negocios. Todo este asunto empieza con nuestra fijación con hacer dinero a toda costa y vendernos a nosotros mismos, que es el terreno natural del extrovertido. Nuestra cultura valora menos las cualidades interiores al no estar ligadas con el enriquecimiento. A principios del siglo XX, momento en que los grandes negocios y el cine entraron en escena, el carácter (recursos interiores) como valor supremo que definía al individuo se vio barrido por la personalidad (recursos exteriores). Hacer de los glamurosos actores de Hollywood y de los triunfadores en los negocios los emblemas de la sociedad la transformó por completo.
¿Qué opinión le merece la autoayuda, toda una industria en Estados Unidos?
Una parte generaliza de forma alarmante, al menos en algunos de los multitudinarios seminarios a los que he acudido, donde se te garantizaba una profunda transformación en una semana. Los que alcanzan la cúspide de la enseñanza de la autoayuda son personalidades arrolladoras –lo que es de perogrullo, cómo si no ibas a conseguir reunir y estimular a 3.000 personas en un curso que dura una semana–, y el malentendido es creer que si sigues su plan de diez pasos, tú también vas a serlo, por mucho que tu naturaleza quiera salir corriendo. Pero también hay caminos más tranquilos y honestos en los que buscar una mejora personal, como el yoga.
¿La crisis económica traerá cambios sustanciales en la cultura del lucro desmedido, que se asocia a las personalidades extrovertidas, y se valorará mejor las aptitudes que pueden aportar los introvertidos?
Imposible saberlo, aunque la entronización del león está tan arraigada, que seguramente se necesitará más de una crisis para que algo cambie de verdad. Pero querría aclarar algo: los extrovertidos tienden a poseer cualidades como carpe diem, ves a por ello, que no te paralicen los riesgos… que pueden ser muy positivas y que explican que los valoremos tanto. El problema surge cuando no atendemos en igual medida las cualidades de los introvertidos, los que dicen “bueno, un momento, vamos a mirar todos los ángulos, tomémonos nuestro tiempo, no nos precipitemos…”. Necesitamos desesperadamente ambos modelos, no es que uno sea mejor que otro, es que uno ha sido sobreestimado en detrimento del otro.
En su libro concluye que hay una especie de “equilibrio global” entre unos y otros.
Son como el yin y el yang, su funcionamiento simultáneo es imprescindible, por eso regreso una y otra vez a la analogía con lo masculino y lo femenino. La humanidad parece diseñada para acoger por igual a los introvertidos y los extrovertidos. Basta con observar cualquier especie animal, hay peces y monos de uno y otro tipo, ¡incluso entre las moscas de la fruta! Ambos desarrollan estrategias de supervivencia diferentes que, dependiendo del entorno, son más o menos efectivas.
¿Cómo suele irles a parejas sentimentales de personalidad mixta?
La mitad responde a este modelo. Por norma, funcionan, pues del otro les atrae lo que no tienen y lo emplean para complementarse. Uno de los fundamentos del amor radica en idealizar a tu pareja, y es más sencillo con alguien que reúne cualidades de las que tú careces. La desventaja es que hay muchos puntos de conflicto, tienen maneras muy opuestas de mirar el mundo. Uno de los obstáculos más frecuentes es cómo gestionar la vida social: si, el viernes por la noche, se sale con amigos o se quedan en casa. En el caso de una pareja de extrovertidos, el riesgo más acusado es que viven tan volcados en la vida social que se desatienden el uno al otro y no llegan a conocerse de verdad.
¿Un introvertido puede forzar tanto su naturaleza que acabe pasándose al otro bando?
A mí me gusta definir la introversión como la forma en que uno responde a los estímulos, es decir, si uno se siente más vigorizado rodeado de tranquilidad o de bullicio. Estoy convencida de que estos gustos jamás se alteran. Uno no deja de ser introvertido, aunque puede ganar aptitudes sociales. Enfrentado a una situación que antes les habría resultado embarazosa, ahora la tiene bajo control. Su necesidad de soledad o de estimulación no varía, aunque se sienta a gusto en un acto social.
Pero hay que ir poco a poco.
Si te fuerzas en exceso, acabas mental y emocionalmente exhausto, no somos conscientes de la cantidad de energía que un introvertido consume durante el rato en que actúa como un extrovertido. Los que están en trabajos que les obligan a mucha actividad social han de buscar refugios de introspección.
¿Cuánto ahorraría a la sanidad pública una buena orientación para lidiar con las emociones?
Se reducirían drásticamente los niveles de estrés, y la farmacología perdería mucho, peso si se nos enseñara a gestionar los miedos y las dudas, las frustraciones e incertidumbres, y también si se honraran las virtudes de cada personalidad.
Convierte en falsos mitos la eficacia de los brainstormings o que uno pueda vencer el miedo escénico imaginándose desnudo al auditorio.
Que los brainstormings (pensar ideas en grupo) no funcionan, porque neutralizan la iniciativa de los introvertidos, es uno de los aspectos más analizados de las dinámicas de grupo. Acerca de la desnudez y el auditorio, nuestro miedo a hablar en público es instintivo y tiene su origen en una rémora de nuestro cerebro reptiliano, que identifica tantos ojos puestos en uno con los de depredadores a punto de abalanzarse sobre su presa. Como sabemos, el león va desnudo por la sabana, de modo que quitarle la ropa no es una opción.
También corrige un malentendido acerca de Gandhi.
No predicó el concepto de “resistencia pasiva”, sino de “resistencia no violenta”, porque no creía en la pasividad, era un hombre de acción.
Hablando de líderes, ¿cómo definiría la personalidad de Barack Obama y qué consecuencias tiene en el modo en que dirige su país?
Creo que es un introvertido que no padece de timidez, entendiendo por esta el temor a lo que los otros pensarán de ti. Muchas de las grandes decisiones que ha tomado han sido fruto de encerrase a reflexionar en calma y soledad tras escuchar a todos. Este perfil le ha traído problemas con una buena parte de los estadounidenses, que creen que un líder ha de ser bromista y cálido antes que sustancioso.
Su apunte de que el bótox reduce la rabia porque, al limitar la expresividad facial, no permite que el cerebro reciba el tipo de señales negativas que produce un fruncimiento del ceño parece la más original defensa de la cirugía estética.
Es que resulta asombroso hasta qué punto lo que haces físicamente te afecta psicológicamente. Sólo el hecho de reír propulsa tus niveles de bienestar emocional.
Y su revelación de que el origen del término cool está ligado a la sudoración...
Yo tampoco sabía, hasta que me puse a investigar, que empezó llamándose cool a aquellos que, enfrentados a situaciones difíciles, mantenían la temperatura corporal a raya, por lo que su piel no transpiraba, síntoma de alguien admirable por su valentía y autodominio y calificativo que hoy se ha ampliado a todo lo que mola. El caso extremo, aquel que no suda ni al estar sometido a las más altas cotas de presión es, por supuesto, el psicópata.
A los introvertidos les reconfortará saber que figuras como Albert Einstein, Charles Darwin o Vincent Van Gogh pertenecían a su club. El primero atribuía además sus capacidades a la constancia.
Sí, tiene esta frase estupenda: “No es que sea más listo, es que me quedo con los problemas más tiempo”. La persistencia es tan importante como la creatividad, no hay duda.

http://www.lavanguardia.com/magazine/20130524/54374324885/susan-cain-abogada-entrevista-magazine.html#ixzz2VYiTES47

jueves, 21 de julio de 2011

El vacío existencial desde el Taoísmo

En Occidente existe la razón de los resultados y beneficios, o sea que la existencia en este lado del mundo tiene un sentido práctico, productivo y útil, y todo se orienta hacia el cumplimiento de los objetivos

En Oriente, en cambio, su modo de ver la razón de ser de la vida les permite experimentar en cualquier momento el vacío de la existencia, como parte de ella, aceptándolo con naturalidad.

En Occidente, cuando emerge la nada de la existencia, la falta de sentido, se lo llama angustia. En Oriente en cambio, es parte de la vida.

”Con arcilla se moldea un recipiente, pero es precisamente el espacio que no contiene arcilla el que utilizamos como recipiente”.

“Construimos una casa de material pero es gracias a sus espacios vacíos que podemos vivir en ella”


“Treinta rayos convergen hacia el centro de una rueda pero es el vacío del centro el que la hace útil”.

“Así, de la existencia provienen las cosas y de la no existencia su utilidad.”

La experiencia de vacío es vivida por el hombre occidental como algo verdaderamente doloroso y en muchos casos es como una puerta hacia la locura o el suicidio.

Esta vivencia se experimenta, porque tanto el vacío como el sentido de la existencia no se viven como los opuestos necesarios y normales que constituyen la realidad y que siempre se resuelven en su contrario, sino como los extremos de la experiencia.

Cuando somos conscientes de esta dualidad, los opuestos ya no luchan para imponerse.

En Occidente, el sentido procura imponerse al vacío de la existencia, que se trata de eliminar, destruir, pero el vacío no puede destruirse porque es inherente a la existencia y a la vida misma. El vacío, la nada, es una experiencia que es fuente y origen de la angustia más profunda que se trata de mitigar con químicos.

El hombre occidental no puede coexistir con la angustia porque no la considera una parte esencial y necesaria de la existencia sino como una amenaza que debe ser eliminada, y no sabe que sólo dejando ser a la angustia ésta naturalmente se disipa.

La angustia nace del ego como resultado de ver fracasados sus deseos.


Se cuenta que Alejandro Magno aún habiendo conquistado el mundo antiguo conocido era muy desdichado, pues no se había conquistado a sí mismo.


Cada ataque de angustia es una posibilidad propicia para el crecimiento y para la expansión del ser. Pero preferimos deshacernos de ella, porque todos queremos aliviarnos pero no encontrarnos.


Si no pudiéramos sentir el vacío de la existencia tampoco podríamos saborear la plenitud de ver nuestros deseos satisfechos.

http://psicologia.laguia2000.com/general/el-vacio-existencial-desde-el-taoismo

jueves, 7 de julio de 2011

Hay que mirar al miedo a la cara

Qué es el miedo?

–Es una reacción natural de autoprotección ante el entorno.
¡Gracias al miedo estamos vivos!


–¿Viva el miedo, pues?

–Depende: si el miedo se desboca, te limita, te bloquea y se convierte en enemigo.


–¿Hasta qué extremo puede desbocarse?

–Hasta tenerle miedo al miedo: el pánico. No es ya una fobia, que es un miedo ligado a
una cosa o situación concreta. No: un ataque de pánico se desata por miedo a tenerlo. Y el miedo es tal que tu organismo se colapsa, se bloquea, quedas paralizado.


–¿Y qué sientes físicamente?

–Vértigo, sudor, tu corazón bate hasta parecer que se rompe, sientes que te asfixias y
que vas a morirte o a volverte loco.


–Y te asustas cada vez más, claro.

–Pero ese círculo puede ser roto: los miedos patológicos, las fobias, se curan. Y el paciente vuelve a ser libre para vivir.


–¿Cómo?

–Hay sistemas diversos. Unos buscan la causa del miedo para que el paciente lo venza
con su voluntad, algo fatigoso y largo. Yo prefiero desviar la atención del paciente de
su miedo, ¡y de pronto descubre que lo ha vencido! Es más rápido.


–¿Desviar la atención?

–Sí, con alguna estrategia particular según cada caso, según cada fobia. Por eso la llamo
“terapia breve estratégica”.


–Póngame ejemplos.

–Tuve un paciente que tenía miedo a las sombras, y....


–¿A las sombras? No es posible...

–Sí lo es: podemos tener miedo a todo. Pueden darse miles de tipos de monofobias:
¡tuve a otro que temía a las botellas destapadas!
Otro, a los ángulos: ¿no es un espanto vivir teniendo miedo a los ángulos?


–Desde luego...

–Sigo con el de las sombras: para evitarlas, vivía a oscuras, con persianas bajadas, siempre en penumbra... ¡E incluso cuando iba a su psicoanalista, hablaban a oscuras! Y así
llevaban ya siete años.


–¿Y qué estrategia usó usted?

–Le persuadí de que cuanto más tiempo a oscuras, mayor sería su miedo futuro a las
sombras. Le hice sentir un miedo futuro mayor al miedo presente, para que colaborase.


–¿Y logró curarse?

–Aceptó someterse a una pequeña dosis de sombras cada día. Encargamos unas gafas
con anteojeras, que limitaban mucho la visión, y con viseras oscuras: el primer día le
envié a comer fuera. “En cuanto te sientas mal, baja las viseras”, le dije. Y así, un poco
más cada día. Y yo le ordené: “¡Y no mires a  derecha e izquierda!”. Él, naturalmente, sí
miraba... Y, al cabo de tres meses así, se quitó ya las gafas en una habitación iluminada.


–La verdad es que el caso es casi cómico.

–La peor tragedia encierra siempre un fondo ridículo. Saber verlo es útil e inteligente.


–¿Me cuenta otro caso?

–Una chica con fobia a las palomas. Evitaba caminar por ciertas zonas amenos que un
amigo se adelantara a comprobar que no hubiese alguna. Yo le pedí que me buscase toda
la información que pudiese sobre palomas.


–Qué sádico, ¿no?

–No: sustituíamos el miedo por la curiosidad. Ala siguiente sesión me explicó muchas
cosas sobre palomas. Entonces le pedí que cada día fabulase durante media hora con las
peores fantasías con palomas, y que luego se acercara a una hasta empezar a sentir miedo, y que midiera cada día esa distancia. Venció su miedo a las palomas en diez sesiones.


–¿Y qué me dice del miedo al avión?

–Hay que mirar el miedo a la cara, no rehuirlo. ¿Cómo? Cada día, durante media hora
de reloj, imagine las peores fantasías sobre volar en avión. ¡Meta ahí todo su miedo! Y,
el día del vuelo, concéntrese en los rictus de miedo en los rostros de los demás y vaya anotándolos en una libreta: al subir al avión, al encenderse losmotores, al despegar, al volar, anótelos, anótelos... Así concentrado, al aterrizar ¡advertirá que no ha sentido miedo!


–Habré desviado mi atención...

–... hacia otra cosa. Si pretende refrenar su miedo, lo alimenta: primero querrá controlarlo, luego rehuirlo..., y ahí tiene ya su fobia.


–¿Pero no dice que mire mi miedo a la cara?

–Y lo habrá hecho: al fantasear con su miedo, lo ha mirado. El miedo es como un fantasma: tócalo y se desvanecerá; intenta huir... y te perseguirá y aterrorizará. Por eso los cuentos adiestran a los niños ante los miedos.


–Conocí a alguien con tal miedo a las chicas  que cambiaba de acera para evitarlas.
–Llamamos a eso timidez: ¡es miedo a ser rechazado, a no gustar! Yo conocí a uno que
hasta llegó a la cirugía estética. No se curó así, porque el miedo a ser rechazado sólo se
vence... acostumbrándote a ser rechazado.


–¿Y qué terapia estratégica fue útil aquí?

–“Debes hacerte rechazar cada día una vez”, le ordené.Y no es fácil: fue descubriendo
que no siempre le rechazaban... Y, así, cada día se exponía más y más, e iba obteniendo
más síes que noes... Y adiós timidez.


–¡Bravo! ¿Y si me asusta hablar en público?

–Una hora antes, imagínese todo lo peor al respecto, focalice ahí toda su angustia. Luego, ya en el estrado, empiece así: “Excúsenme si me ruborizo o sudo o me pierdo: no me siento muy bien últimamente”. Todo irá como una seda: ¡la fragilidad declarada deja de ser tal y se convierte en un punto de fuerza!


–Pero, ¿cómo se origina una fobia?

–No pierda el tiempo con el pasado: su miedo es presente y se trata de disiparlo.
Una vez disipado, será un valiente. Porque sólo quien ha sentido miedo puede ser valiente. Quien no..., es sólo inconsciente.

Giorgio Nardone
Tengo 42 años y nací en Arezzo (Toscana, Italia). Soy psicólogo y
psicoterapeuta especialista en miedos graves. Estoy divorciado, y sin

hijos. ¿Política? Sólo creo en el “cámbiate a ti mismo”. Soy agnóstico.
Soy maestro de artes marciales. He escrito “El arte del cambio”,
“Terapia breve, filosofía y arte” y “Miedo, pánico, fobias” (Herder)
 
K U N G – F U  
Nardone es maestro de kung-fu porque ve ahí las claves de su psicoterapia: “Máxima eficacia con mínimo
esfuerzo”, me dice.Giorgio Nardone –formado en Palo Alto (Estados Unidos) con Paul Watzlawick– es una de las más notorias figuras internacionales en el tratamiento de fobias, pánico, ansiedad... Sostiene que tu miedo es una fantasía elaborada por tu mente.Y que, por tanto, tu mente puede fácilmente vencerlo con otra fantasía.Y él idea estrategias para guiar fantasías.Trabaja en Italia, y se ha explicado en el Institut Gestalt de Barcelona. Aprendo de Nardone que sentir miedo es normal y que avergonzarte de tu miedo es fraguarte una futura fobia, que el valor nace de mirar los miedos a la cara y que admitir tu fragilidad te dará fuerza.

La contra de la Vanguardia

Antídoto para la soledad

Autonomía, individualismo, independencia, libertad sin trabas … son los slogans que deleitan a la humanidad del tercer milenio. Se presentan como conquistas que asegurarán a quien los posean la felicidad y la dicha. Espoleado por estos acicates el hombre ha creado una sociedad de multitudes pero en la que, curiosamente, se siente solo. Al final, es la soledad el botín real que se ha conquistado después de romper lazos (independencia), de elegir antes mi interés que el ajeno (individualismo), de ser yo mi propia norma (autonomía). Cuando el “yo” se agiganta, el corazón se vacía de “otros”, y si no hay otros, por rodeado que esté de gente, el ser humano estará solo.


El 26% de los americanos se califica de solitarios crónicos. El 54% de los franceses afirma haber sufrido de soledad alguna vez. El 30% de los españoles dice sentirse solo con frecuencia, el 40% confiesa no tener ningún amigo íntimo y el 20% declara haber tenido problemas de depresión.


Ni los millones de teléfonos celulares o móviles, ni el chat, ni la facilidad para los viajes llenan el hueco interior que crece en miles de occidentales. Bien escribía Víctor Hugo que el infierno está todo en esta palabra: soledad. Si al final de la vertiginosa carrera promovida por el individualismo se encuentra la soledad ¿Merece la pena seguir en la competición?

Hay un antídoto contra la soledad, a la mano de todos, natural como la vida misma, para evitar la más peor de las pobrezas, la soledad; es gratuito, funciona siempre, no crea adicción y mejora enormemente la calidad de la vida. Sólo es cuestión de cambiar los ingredientes que nos proponen. En lugar de individualismo poner solidaridad; sustituir la autonomía por la donación desinteresada, y orientar la libertad al servicio de bien del otro. Si la soledad es el sentimiento que surge cuando se constata que no soy nada, ni nadie para un alguien, el antídoto eficaz será la experiencia de importar a otro, y de importarle mucho. En una palabra, la soledad muere cuando nace el amor. Nada llena más el corazón del ser humano que descubrir que por mí, otro piensa, vive, actúa y elige. Mi existencia tiene sentido; la indiferencia queda en el olvido. Sentirse amado, sencillamente por ser yo; no por lo que hago, ni por mi dinero, ni por ningún otro interés. Se es amado por ser, nada más y nada menos … que uno mismo.

Justamente esta experiencia, así de sencilla y natural, es la que el niño advierte cuando su madre lo acepta –al conocer que viene en camino–, lo desea, lo ama. Él no aporta absolutamente nada; quizás molestias, roba algo del sueño materno, tiempo y da más trabajo. Lo único que da a cambio, y depende del humor del bebé, es una sonrisa … que para la madre es el pago generoso a su desvelo. La madre sigue amándole, no por lo que recibe del pequeño, sino llanamente porque es su hijo, y basta. Este estilo de vida es el que hay que recuperar para nuestra sociedad. Dar sin pedir, para ganar lo que no se compra con dinero: confianza unos en otros.

 No se oye hablar mucho a favor de la maternidad, excepto en los comerciales típicos de esta época, pero que tristemente suenan a sospechosos. El hijo se nos presenta como un problema para la mujer, y no digamos si ya es madre de otros o si quiere trabajar fuera del hogar. El cáncer del individualismo también infecta a la mujer, y se comienza a ver como carga lo que es un don. Un ser humano no es un problema para otro, es una oportunidad para crecer en humanidad.

En casi todas las culturas se ha admirado el valor de la maternidad por los bienes que procura al ser humano. La madre, naturalmente, es la que ama sin esperar nada a cambio. Se realiza en el otro. Su alegría no proviene de sus propias conquistas, sino del triunfo de su hijo. Y sus tristezas también nacen del dolor de su hijo. Por ello, la mujer madre ha sido modelo de desinterés, y reserva de lo mejor a lo que puede aspirar el ser humano.

La mujer madre es un estupendo modelo para aprender a generar el antídoto para la soledad. Merece la pena invertir en este estilo si queremos humanizar la sociedad. Con razón escribía Edith Stein: “En todas partes donde haya un hombre solo, especialmente si éste está necesitado, ella estará a su lado llena de amor, tomando parte, comprendiendo, aconsejando, ayudando; así se convierte en compañera … En todas partes donde ella ayuda a un hombre a comprender el desarrollo de su camino hacia la meta en su despliegue corporal, anímico o espiritual, ella es madre”


Nieves García  - Mujer Nueva (publicado en El Norte)http://www.fluvium.org/textos/mujer/muj112.htm

miércoles, 6 de julio de 2011

Da instrucciones nocturnas a tu cerebro y obedecerá

Tengo 51 años, aunque aparento 50 y medio. Nací y vivo en Barcelona. Soy economista y profesor universitario. Estoy casado y tengo una hija, Marta (12). España merecería una derecha a la que yo pudiese votar. No soy creyente, pero estoy sugestionado por el catolicismo.



Creer para crear
Puedes matricularte en la universidad nocturna de la buena suerte. Valls se acoge a las neurociencias para proponer un plan con “nocturnidad y premeditación”: antes de acostarte, escribe lo que deseas que tu cerebro crea (de creer), pues durante el sueño nocturno las sinapsis neuronales se organizarán según esa creencia... y durante la vigilia te harán actuar para crearla (de crear). El manual Buenas noches y buena suerte (Viena) detalla “cómo atraer la fortuna mientras duermes”, que completa su anterior método Kimmon, que expuso en Buenos días y buena letra (Viena), según la que cambiar la letra puede ayudar a mejorar la actitud ante la vida. Todo es probar: al fin y al cabo, casi todo es sugestión.


Está observando mis notas?
Es que soy grafólogo, ejem... Pero no lo sienta como una amenaza, ¿eh?

Ya. ¿Qué ve en mi letra?
Escriba una efe, por favor.


f.
¡Buena efe! El lazo de arriba y el de abajo, proporcionados: o sea, usted piensa y luego actúa en consecuencia.


Pim, pam. No siempre...
Yo antes hacía una efe con lazo arriba... pero palo abajo: o sea, que lo que yo pensaba luego no lo ponía en práctica. Y me esforcé en hacer una efe como la que usted hace.


¿Lo consiguió?
Sí. Y eso promovió un cambio en mi carácter: desde que la hago así soy más proactivo.


Cambio mi letra: ¿cambia mi carácter?
Tu letra expresa tu psiquismo. Por eso no tienes siempre la misma letra: porque vas cambiando. Y a la inversa, lo mismo: si cambias tu letra..., ¡algo te cambiará por dentro!


¿Respalda esto la ciencia?
La grafotransformación es controvertida... Pero la ciencia sí confirma la plasticidad del cerebro: ¡puedes transformarte!


¿A qué transformación se refiere?
Puedes reeducar tu cerebro para mejorar tu actitud, ¡sugestionarlo para ser más feliz!


¿Cómo lo hago?
Fuerza una sonrisa ¡y pronto te sentirás más alegre! ¿Sabe del síndrome de Moebius?


No.
A causa de una disfunción muscular, tu rostro deja de expresar emociones... Y, al poco tiempo, ¡dejas de sentir esas emociones!


¿Conclusión?
Que es un proceso reversible: si actúas "como si" sintieras una emoción, ¡acabarás por sentir esa emoción sugestionada! Por tanto, si sonríes y ríes, te pondrás contento. Y si piensas y actúas como si tuvieras éxito, ¡te llegará el éxito! Y si actúas como si fueses feliz..., acabarás siendo feliz.


¿Puedo sentir lo que desee sentir?
Si actúas como si fueras afortunado, atraerás la fortuna. No es magia: ¡es sólo que tenemos un cerebro muy, muy sugestionable!


Pero por mucho que el cerebro se crea algo, el entorno es el que es.
Ese cerebro sugestionado creará las condiciones para modificar el entorno en consonancia. Ya lo dijeron los griegos: ¡carácter es destino!


Póngame algún ejemplo de todo esto.
El mío mismo: al nacer mi hija, me pregunté cómo podía ayudar a esa niña a ser feliz...


¿Y qué hizo?
Rastreé los rasgos que tienen en común las personas afortunadas, las personas con buena suerte, satisfechas de su suerte.


¿Y qué rasgos son esos?
Son siete rasgos: uno, buen autoconcepto (aunque seas bajo y calvo, eso no te acompleja); dos, optimismo (ves salidas a todas las situaciones): ¿sabe lo de los militares húngaros perdidos en los Alpes?


No.
Encontraron un mapa, y eso les ayudó a hallar la salida. Pero ese mapa... ¡era de los Pirineos! Ellos no lo sabían: o sea que si crees que hay salida, ¡será más fácil encontrarla!


Tres.
Extraversión: allá donde van, establecen buenas relaciones (¡es el mejor modo de encontrar trabajo!). Cuatro, empatía: saben ponerse en la piel del otro, escuchar con el corazón. Cinco, autogestión emocional.


¿Autocontrol?
O saber enfadarse... ¡cuando toca enfadarse! Seis, proactividad: generan sus circunstancias, las que les resultan más favorables. Y siete, perseverancia: saben picar piedra.


Ahora ya sabemos cómo es la persona afortunada. ¿Qué hacemos con eso?
Ahora se trata de fomentar en uno mismo todos esos rasgos.


¿Cómo?
Yo aplico, por un lado, la grafotransformación. Y, por otro, las instrucciones nocturnas al cerebro.


¿Instrucciones nocturnas?
Sí: liberadas de sus obligaciones de la vigilia, las neuronas establecen más conexiones mientras dormimos. ¡Aprovechémoslo para reeducarlas en nuestro beneficio!


¿Cómo puedo hacerlo?
Relájate y escribe en un papel cinco veces alguna instrucción para tu cerebro: "me gusta mi cuerpo", "valgo mucho", "soy enérgico", "tengo aplomo", "hablo con facilidad", "voy a desarrollarme", "domino mis emociones", "dirijo mi vida", "me siento feliz"...


¿Y ya está?
Recítalas, cada una, en voz alta, cada noche, durante veintiocho noches. Y sigue luego con tandas de nuevas autoinstrucciones.


¿Y el cerebro obedece a esto?
Sí: al repetir la frase, el consciente baja la guardia y esa orden empapa el inconsciente... ¡Y ya sabemos que el inconsciente rige el 90% de lo que hacemos durante el día!


Qué fácil parece, pues.
Durante el sueño, el cerebro reconstruye y reorganiza conocimientos. Y es tan sugestionable... Fíjate en cómo caminan tus hijos, ¡y verás que caminan como su madre o como tú! Esto es inconsciente: imitamos. Aprovéchalo, ¡date instrucciones!


¿Debo escribir esas autoinstrucciones de mi puño y letra, a mano?
No hay un modo mejor de aprender algo que escribir a mano. Tonifica la memoria, reactiva neuronas... Es la gran noticia: puedes reeducar tu cerebro cuando quieras. Tú serás lo que quieras ser. Bien lo dijo Huxley: "Hoy es siempre todavía".

La contra de La Vanguardia - 04/07/2011


Joaquim Valls, entrenador de inteligencia emocional

Las raíces de la infelicidad


[...] ¿Cuáles son entonces las causas evolutivas de esa capacidad infinita de la gente para hacerse infeliz? ¿Tiene que ver con la envidia? Es cierto que a la mayoría de las personas les importa más lo que gana el vecino que el crecimiento del producto nacional bruto. Pero ¿tiene que ver con la perversión cultural que coarta en nombre de convenciones sutiles, pero indestructibles, la capacidad de gozar? ¿Con qué tiene que ver esa capacidad infinita para hacerse infeliz? ¿Está el secreto en el fuero interno de los infelices? ¿En su manera equivocada de gestionar sus emociones? ¿Por qué tanta desconfianza, enfurruñamiento y falta de esplendor?
Se lo he preguntado a un sinfín de personas informadas y puedo anticipar la supuesta razón que se suele manejar y que incluye a todas las demás: "El ser humano ha sobrevivido y ha superado a otras especies, precisamente por su capacidad de tomar conciencia de sus limitaciones, y eso es lo que le genera infelicidad y disgusto con el entorno y con sus semejantes".
Ésa es la convicción generalizada, que se asienta en el error descomunal de culpar de la infelicidad a la búsqueda del conocimiento de las cosas y de las personas. Para todos los premios Nobel con los que he hablado, el tiempo más feliz de su vida fué cuando buscaban; cuando, conscientes de sus limitaciones, profundizaban en el conocimiento de las cosas y las personas. El premio supuso, casi siempre, más bien un incordio en su vida de investigador.
La ciencia moderna está poniendo de manifiesto, al contrario de la creencia generalizada, que la infelicidad tiene sus raíces en la manía del cerebro de no cuestionar ni renunciar a sus creencias. De aferrarse a convicciones falsas. De no desaprender. De no profundizar, precisamente, en el conocimiento de las cosas y de las personas como son, y no como creemos que son.
Martin Seligman, profesor de psicología en la Universidad de Pensilvania, en EEUU, es mundialmente famoso por ser el mayor impulsor de la denominada psicología positiva. Este profesor trabaja para aliviar el sufrimiento en el mundo. Para él la clave de todo está en darse cuenta de que la noción de felicidad es científicamente imposible de concretar, significa demasiadas cosas para la gente, aunque él ha intentado descomponerla en tres elementos para poder medirlos científicamente y dar a las personas claves para intervenir. El primer elemento es la vida de placer y las emociones positivas, como por ejemplo las risas, las sonrisas o el hecho de estar de buen humor; el segundo es la vida comprometida, es decir, comprometerse en el amor, en el trabajo, con los hijos, con el ocio, con las amistades. Y el tercero es la vida significativa, y es el que tiene el mejor componente de inteligencia. Se trata de saber cuales son los puntos fuertes de cada uno y utilizarlos para algo que creemos que es mayor que nosotros. Así tenemos la vida agradable, la vida comprometida y la vida con significado, las tres nociones que forman el concepto de felicidad y que se pueden contrastar de forma científica.

Eduardo Punset - Excusas para no pensar


sábado, 2 de julio de 2011

No debemos temer a nuestro inconsciente

Magistretti advierte: " No debemos temer a nuestro insconsciente. Porque el inconsciente somos nosotros mismos. ¡No es algo externo! Es lo que somos, de hecho, es nuestra propia esencia. Simplemente nos resulta difícil llegar a conocerlo".  Para explicarlo mejor, usa una metáfora esclarecedora. "Es como si viviéramos en una casa, una casa grande, y nos percatáramos de que hay otra persona que también vive ahí. Como si fuéramos al salón y viéramos que alguien ha movido los ceniceros de sitio, o que la televisión está en otro lugar. Nos daríamos cuenta entonces de que hay alguien. Alguien que vive ahí, ¡pero no le conocemos! A través del proceso del psicoanálisis, en algún momento llegamos a encontrarnos con esta persona, a conocerle un poco, aunque las cosas no cambian demasiado porque te sigue haciendo jugarretas, pero por lo menos sabes quién es".

Excusas para no pensar - Eduardo Punset

miércoles, 16 de marzo de 2011

El poder de dar


"Ayudar, dar y escuchar llena de
significado la propia vida"



El poder de dar

Ayudar, dar, compartir, consolar, escuchar profundamente y ser empático, valorar al otro, solidarizarse... beneficia psíquica y físicamente al que recibe y al que da. Roche lleva 25 años investigando y aplicando la prosocialidad, ha participado en más de quince proyectos europeos; actualmente, en uno para disminuir el fracaso escolar. Formó a los primeros formadores sobre educación ética prosocial en el nuevo régimen de Eslovenia y Chequia. Su programa Young prosocial animation pretende equipar emocionalmente a 40 grupos de jóvenes marginados en diversos países. Ha publicado más de quince libros; los últimos: La comunicación para parejas inteligentes y Prosocialidad: nuevos desafíos.


Tengo 69 años. Nací en la provincia de Barcelona y vivo en el campo. Casado desde hace 46 años, 7 hijos, uno discapacitado, y 10 nietos. Soy profesor de Psicología en la UAB. Creo en el consenso. Los políticos no deberían basar su triunfo en machacar al adversario. Soy cristiano



Ha investigado con más de 2.000 parejas...
Sí, y he observado que esperar demasiado de la comunicación crea problemas en la pareja.

Creía que era por la falta de ella.
La comunicación, si no es de calidad, crea perturbaciones y ruido. Puedes estar diciendo una cosa con tus palabras y otra con los gestos, la mirada y la actitud.

La actitud dice más que las palabras.
Y de forma inconsciente. En las relaciones de pareja debe haber un equilibrio pas-pro.

¿Qué es eso?
Un equilibrio entre amor pasional y amor prosocial, que es aquel que se interesa en primer lugar por el otro, que da todo el espacio al otro, que descentra el propio yo, que no parte de sus intereses, sino que trata de escuchar a fondo al otro. A partir de ahí vendrá un enriquecimiento para el yo y también para el tú.

Hay que ser maduro y generoso para eso.
Sin este tipo de amor, la pareja se ahoga en los sentimientos centrados en el yo. Quien invierte en el otro construye y mantiene la pareja.

Pero la pasión es la chispa.
El amor pasional es un amor gratuito, ¡fantástico!, un regalo que no tiene coste.


Te llega de repente, sí.
El amor prosocial tiene un coste, requiere esfuerzo, es altruista, procura más funcionalidad y apoyo al otro, pero dota a ambas personas de la pareja de un gran significado de autenticidad. La comunicación prosocial es la que acepta totalmente al otro.

¿Y se aprende?
Yo, a mis estudiantes les hago practicar ayuda, escucha, consuelo, crear empatía, valorar al otro, ser solidario. Y tienen que practicarlo con un adversario o alguien antipático. Plantean una acción y comprueban qué pasa al llevarla a cabo.


¿Qué pasa?
Las ventajas de la prosocialidad previenen la violencia, mejoran el clima grupal e interpersonal, el tono vital del que da, la salud mental del autor y del receptor de la acción.

De acuerdo, amor prosocial. ¿Y cuando desaparece la pasión?
El amor prosocial es un gran nutridor de la pasión, porque si tu pareja te dedica tiempo, esfuerzo e ilusión, tu pasión renace.

Entonces, ¿por qué todas las parejas andan a la greña?
Se tiene que aceptar que hay desacuerdos y aprender a manejarlos, debatirlos con calidad comunicativa; centrar la atención en conseguir una auténtica relación.

Eso no implica estar de acuerdo.
Pero sí tener como objetivo un encuentro entre el yo y el tú, y sobre la base de la comprensión mutua, tomar las opciones más adecuadas, ponernos de acuerdo sobre nuestros valores y establecer reglas de conducta para seguirlos.

Entonces, hay que ser inteligente.
Pues sí, pero no estamos hablando de coeficiente intelectual, sino de las múltiples inteligencias que nos llevan a conseguir un buen equilibrio pas-pro.

Entendido.
Hay que perseguir una igualitaria participación en la toma de decisiones. Una comunicación de calidad, explicitar las expectativas, y un respeto y autonomía en el crecimiento personal de cada uno.

Usted aplica la prosocialidad en países en conflicto, niños de la calle, escuelas.
Sí, con resultados excelentes. La prosocialidad estimula la creatividad y la iniciativa, se puede desarrollar en todo momento y aplicar a cualquier situación y persona.

Se trata de hacer algo por alguien.
Sí, favorecer el altruismo. Hay que enseñar los comportamientos del dar y mostrar los beneficios. La empatía es algo que tenemos naturalmente, pero la hemos cubierto de polvo, capas y capas de cultura, costumbres y maneras de tratarse. La prosocialidad se debe enseñar y entrenar para no olvidarla.


Nos han enseñado a procurar por nosotros mismos.
De la psicología americana nos ha llegado la asertividad, es decir: mantener mis derechos sin hacer daño al otro; pero la perspectiva prosocial da un paso más allá. Dice: yo voy a empezar por el otro, voy a interesarme por el otro. Vaciarse para acoger al otro.

¿Tiene recompensa?
Gracias a la acción prosocial, las emociones negativas mejoran, y la salud. Ponerse en el lugar del otro calma la tendencia irascible y resuelve rencores y envidias. Cada uno de nosotros tenemos la posibilidad de ser más conscientes de lo que nuestros actos y palabras producen en los demás.


Esa consciencia es poder.
Aumente sus actos de ayuda, de dar, de escucha, de ser empático con el otro, de valorarle, y verá como sentirá un significado en su vida y mejorará su autoestima.

La respuesta no es siempre positiva.
Ponerse en la piel del otro enriquece mi capacidad mental, me abre al mundo. Si yo envío un mensaje con sinceridad, en el 70% de los casos mi acción incide y es multiplicadora, porque si alguien tiene un gesto bueno y sincero contigo, tu actitud y las decisiones que tomes en ese momento cambian. Esa acción produce una cadena de acciones.

Eso no se puede medir.
Sabemos que un puñetazo en un grupo aumenta las posibilidades de que haya otro: lo mismo sucede con las acciones prosociales.

 Robert Roche, doctor en Psicología, especialista en psicoterapia de la pareja y prosocialidad
"Ayudar, dar y escuchar llena de significado la propia vida"
INMA SANCHÍS - (La Contra de La Vanguardia)

miércoles, 2 de marzo de 2011

Nos apegamos a lo que debería ser en lugar de a lo que es


Foto: Neus Bonet
http://unmonparallel.blogspot.com/
 Christophe André, médico psiquiatra y psicoterapeuta.
Tengo 53 años. Nací en Montpellier y vivo en París. Casado, tengo tres hijas. Soy profesor universitario y psiquiatra en el hospital Sainte-Anne, especializado en el tratamiento de trastornos emocionales, ansiosos y depresivos. Soy de centroizquierda y cristiano budista.





 He visto una paloma muerta y me he puesto triste…
Ha recibido una información del exterior que le ha provocado un estado de ánimo, un clima mental.


Metamorfosis silenciosas.
Los estados de ánimo son emociones muy sutiles, pero definen nuestra vida emocional mucho más que las emociones fuertes, que radicalizan y simplifican nuestra percepción de los acontecimientos. Las emociones nos empujan a la acción, y los estados de animo, a la reflexión.


A veces no sabemos qué hacer con lo que sentimos…
Yo más bien diría que no sabemos exactamente qué sentimos y entonces caemos en la cavilación – darle vueltas incesantemente a lo que nos pasa-o la huida; pero cada vez que rechazamos sentir nuestros estados de ánimo, el problema persiste. Lo que hay que hacer es escucharlos, tienen un mensaje para nosotros. El análisis de los estados de ánimo nos vuelve más inteligentes.


Hay que saber hacerlo.
Primero aceptación y después acción, nunca reacción o negación. Aceptar nuestros dolores deja sitio a nuestras dichas, y volcarse (transitoriamente) en uno mismo permite volcarse hacia el futuro; pero aceptar la tristeza no significa sumirse en ella. Y hay que distinguir entre cavilar y reflexionar.


¿Cómo distinguirlo?
Las cavilaciones surgen de la pregunta ¿por qué?:¿por qué he tomado esa decisión?, ¿por qué me ha pasado a mí? La mejor pregunta para ver más claro es cómo:¿cómo hacer para que el problema no persista? Eso es reflexionar. El por qué es una pregunta intelectual, cómo es observación. Conocer cuál es mi experiencia cuando me siento mal trae lucidez para enfrentar el problema.


Los estados de ánimo pueden cambiar varias veces en un mismo día.
Lo deseable sería dar a cada estado de ánimo la respuesta que le corresponde, pero solemos dar a todos la misma respuesta. La herramienta adecuada es la introspección, detenerse y preguntarse qué estamos sintiendo, pero resulta difícil, muy difícil.


No me desanime, doctor.
Un recurso valioso es la meditación de plena consciencia, es decir: estar presente en la experiencia del momento que estamos viviendo, sin filtro, aceptando lo que llega; sin juicios de valor y sin expectativas.


¿Por qué pesan más los estados de animo negativos que los positivos?
Nuestro cerebro está cableado así, nos atrapa más lo malo que lo bueno. Cuando estamos en calma, frente al mar por ejemplo, no nos permitimos disfrutarlo, enseguida nos viene a la cabeza un pensamiento del tipo “debo…” o “hubiera tenido que…”. En lugar de estar en el instante presente, vivimos en la anticipación o en el rumiar.


Hay situaciones y sentimientos ante los que no tenemos respuesta.
Hay que aceptar que el misterio existe, pero queremos tener respuestas para todo. La persona ansiosa es la que soporta mal la incertidumbre. La tendencia a la preocupación reposa sobre una intolerancia frente a la incertidumbre.


¿Preocuparse es cavilar sobre el futuro?
Así es. Estar preocupado es tener la mente repleta de problemas por adelantado, ocupada y nerviosa. Deja de haber espacio para otros estados de ánimo, como las pequeñas alegrías cotidianas.


¿Cómo regular la inquietud?
Entendiendo que no podemos controlarlo todo y que los problemas forman parte de la vida, aceptando la incertidumbre; pero preferimos llenar el inquietante vacío de la incertidumbre actuando o anticipando. Nos apegamos a lo que debería ser en lugar de a lo que es.


Enséñeme a facilitar los estados de animo positivos.
Sonría, sabemos que sonreír aumenta los estados de ánimo positivos. Y ante un problema, dé un paseo: en lugar de bloquear el estado de ánimo intelectualmente, muévalo físicamente y tome distancia. Moverse, hablar con otras personas y entrenarse en ejercicios de gratitud son remedios poderosos.


¿Cómo se entrena la gratitud?
Cada noche, piense en tres momentos agradables del día y dese cuenta de que casi siempre esos momentos se los debe a otras personas, al amigo con quien ha compartido la comida… O si ha estado feliz escuchando música, agradezca ese momento a aquel compositor que vivió hace tres siglos.


Brillante idea.
Pensar tu felicidad ligada a otras personas da más potencia a esa experiencia y más seguridad, nos da fuerza para luchar contra ese sentimiento de soledad existencial.


La dulzura es otra gran herramienta.
Cierto, solemos pensar que la dulzura, la amabilidad, el respeto por los otros, es bueno para los que lo reciben, pero todavía es mejor para quien lo da y es consciente de las consecuencias de sus actos.


La felicidad ¿se aprende?
Un 50%, sí. La felicidad es bienestar más conciencia. Se trata de convertir los pequeños momentos de bienestar en felicidad iluminándolos con la conciencia. Saber que la felicidad es efímera e intermitente, saber hallar dentro de la tristeza o la desdicha un momento para sonreír y asumir la imperfección nos predispone a la felicidad.


Siento, luego existo
Los estados de ánimo, esa mezcla sutil de emociones y pensamientos, nos acompañan en todo momento, sotto voce impulsan nuestros actos y nuestra relación con el mundo. André es un experto en ellos, y en su magnífico libro Los estados de ánimo. El aprendizaje de la serenidad (Kairós) los despliega ante nosotros y nos invita a escucharlos, aceptarlos, convertirlos en mentores de nuestra sabiduría, sobre todo si son incómodos. Me quedé clavada en la página 49, en una reflexión sencilla: “Nos irritamos cuando el calentador se estropea, pero no nos regocijamos por tener agua caliente todas las mañanas. Y no obstante, ¡deberíamos hacerlo a título de ejercicio de lucidez y felicidad!”.

Fuente: La vanguardia (La Contra)