TODOS LOS SERES HUMANOS ESTÁN INMERSOS EN LA BÚSQUEDA DE LA PAZ INTERIOR. Y, AUNQUE CONOCEN LOS CAMINOS MUNDANOS Y PUEDEN OBTENER TODO LO QUE DESEAN, SABEN QUE LO MÁS PRECIOSO ES LA PAZ INTERIOR PERO ¿QUÉ ES ESTA PAZ? ¿UNA IDEA? ¿UNA EXPERIENCIA? ¿CÓMO SE PUEDE ENCONTRAR?







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miércoles, 30 de marzo de 2011

En la senda de la Sabiduría

- Maestro, no puedo dejar de preguntarme si estoy en la senda de la Sabiduría.

Y el maestro repuso:

-No te preocupes, en cuanto estés no te lo preguntarás, así que sigue trabajando.

domingo, 13 de febrero de 2011

Cuento sobre la impermanencia

EL ANILLO DEL REY


Hubo una vez un rey que dijo a los sabios de la corte:


Me estoy fabricando un precioso anillo. He conseguido uno de los mejores diamantes posibles. Quiero guardar oculto dentro del anillo algún mensaje que pueda ayudarme en momentos de desesperación total, y que ayude a mis herederos, y a los herederos de mis herederos, para siempre. Tiene que ser un mensaje pequeño, de manera que quepa debajo del diamante del anillo.


Todos quienes escucharon eran sabios, grandes eruditos; podrían haber escrito grandes tratados, pero darle un mensaje de no más de dos o tres palabras que le pudieran ayudar en momentos de desesperación total... Pensaron, buscaron en sus libros, pero no podían encontrar nada.


El rey tenía un anciano sirviente que también había sido sirviente de su padre. La madre del rey murió pronto y este sirviente cuidó de él, por tanto, lo trataba como si fuera de la familia. El rey sentía un inmenso respeto por el anciano, de modo que también lo consultó. Y éste le dijo:


No soy un sabio, ni un erudito, ni un académico, pero conozco el mensaje. Durante mi larga vida en palacio, me he encontrado con todo tipo de gente, y en una ocasión me encontré con un místico. Era invitado de tu padre y yo estuve a su servicio. Cuando se iba, como gesto de agradecimiento, me dio este mensaje -el anciano lo escribió en un diminuto papel, lo dobló y se lo dio al rey-. Pero no lo leas -le dijo- manténlo escondido en el anillo. Abrelo sólo cuando todo lo demás haya fracasado, cuando no encuentres salida a la situación-


Ese momento no tardó en llegar. El país fue invadido y el rey perdió el reino. Estaba huyendo en su caballo para salvar la vida y sus enemigos lo perseguían. Estaba solo y los perseguidores eran numerosos. Llegó a un lugar donde el camino se acababa, no había salida: enfrente había un precipicio y un profundo valle; caer por él sería el fin. Y no podía volver porque el enemigo le cerraba el camino. Ya podía escuchar el trotar de los caballos. No podía seguir hacia delante y no había ningún otro camino...


De repente, se acordó del anillo. Lo abrió, sacó el papel y allí encontró un pequeño mensaje tremendamente valioso: Simplemente decía "ESTO TAMBIEN PASARA".


Mientras leía "esto también pasará" sintió que se cernía sobre él un gran silencio. Los enemigos que le perseguían debían haberse perdido en el bosque, o debían haberse equivocado de camino, pero lo cierto es que poco a poco dejó de escuchar el trote de los caballos.


El rey se sentía profundamente agradecido al sirviente y al místico desconocido. Aquellas palabras habían resultado milagrosas. Dobló el papel, volvió a ponerlo en el anillo, reunió a sus ejércitos y reconquistó el reino. Y el día que entraba de nuevo victorioso en la capital hubo una gran celebración con música, bailes... y él se sentía muy orgulloso de sí mismo.


El anciano estaba a su lado en el carro y le dijo:

Este momento también es adecuado: vuelve a mirar el mensaje.


-¿Qué quieres decir? -preguntó el rey-. Ahora estoy victorioso, la gente celebra mi vuelta, no estoy desesperado, no me encuentro en una situación sin salida.


Escucha -dijo el anciano-: este mensaje no es sólo para situaciones desesperadas; también es para situaciones placenteras. No es sólo para cuando estás derrotado; también es para cuando te sientes victorioso. No es sólo para cuando eres el último; también es para cuando eres el primero.


El rey abrió el anillo y leyó el mensaje: "Esto también pasará", y nuevamente sintió la misma paz, el mismo silencio, en medio de la muchedumbre que celebraba y bailaba, pero el orgullo, el ego, había desaparecido. El rey pudo terminar de comprender el mensaje. Se había iluminado.


Entonces el anciano le dijo:


Recuerda que todo pasa. Ninguna cosa ni ninguna emoción son permanentes. Como el día y la noche, hay momentos de alegría y momentos de tristeza. Acéptalos como parte de la dualidad de la naturaleza porque son la naturaleza misma de las cosas.

miércoles, 26 de enero de 2011

Una rosa

Una rosa que deseaba la compañía de las abejas, pero ninguna se le acercaba.

A pesar de todo, esta flor aún era capaz de soñar: Cuando se sentía sola, imaginaba un jardín cubierto de abejas, y que todas venían a besarla. Y conseguía resistir hasta el próximo día, cuando, una vez más, abría sus pétalos.

 -¿No te sientes cansada? –pregunto otra rosa.

 -No. Tengo que continuar luchando.

 -¿Por qué?

-Porque si no me abro, me marchito


Paulo Coelho


jueves, 13 de enero de 2011

El elefante encadenado




Cuando yo era chico me encantaban los circos, y lo que más me gustaba de los circos eran los animales. También a mí como a otros, después me enteré, me llamaba la atención el elefante. Durante la función, la enorme bestia hacía despliegue de su peso, tamaño y fuerza descomunal... pero después de su actuación y hasta un rato antes de volver al escenario, el elefante quedaba sujeto solamente por una cadena que aprisionaba una de sus patas a una pequeña estaca clavada en el suelo.


Sin embargo, la estaca era sólo un minúsculo pedazo de madera apenas enterrado unos centímetros en la tierra. Y aunque la cadena era gruesa y poderosa me parecía obvio que ese animal capaz de arrancar un árbol de cuajo con su propia fuerza, podría, con facilidad, arrancar la estaca y huir.


El misterio es evidente:


¿Qué lo mantiene entonces?


¿Por qué no huye?


Cuando tenía cinco o seis años, yo todavía confiaba en la sabiduría de los grandes. Pregunté entonces a algún maestro, a algún padre, o a algún tío por el misterio del elefante. Alguno de ellos me explicó que el elefante no se escapa porque estaba amaestrado.


Hice entonces la pregunta obvia:


–Si está amaestrado ¿por qué lo encadenan?


No recuerdo haber recibido ninguna respuesta coherente.


Con el tiempo me olvidé del misterio del elefante y la estaca... y sólo lo recordaba cuando me encontraba con otros que también se habían hecho la misma pregunta.


Hace algunos años descubrí que por suerte para mí alguien había sido lo bastante sabio como para encontrar la respuesta:


El elefante del circo no escapa porque ha estado atado a una estaca parecida desde que era muy, muy pequeño.


Cerré los ojos y me imaginé al pequeño recién nacido sujeto a la estaca.


Estoy seguro de que en aquel momento el elefantito empujó, tiró y sudó tratando de soltarse. Y a pesar de todo su esfuerzo no pudo.


La estaca era ciertamente muy fuerte para él.


Juraría que se durmió agotado y que al día siguiente volvió a probar, y también al otro y al que le seguía...


Hasta que un día, un terrible día para su historia, el animal aceptó su impotencia y se resignó a sus destino.


Este elefante enorme y poderoso, que vemos en el circo, no escapa porque cree –pobre– que NO PUEDE.


Él tiene registro y recuerdo de su impotencia, de aquella impotencia que sintió poco después de nacer.


Y lo peor es que jamás se ha vuelto a cuestionar seriamente ese registro.


Jamás... jamás... intentó poner a prueba su fuerza otra vez...


Vamos por el mundo atados a cientos de estacas que nos restan libertad... condicionados por el recuerdo de «no puedo»...


Tu única manera de saber, es intentar de nuevo poniendo en el intento todo tu corazón...

Jorge Bucay

jueves, 6 de enero de 2011

Un cuento lleno de luz

UN CUENTO LLENO DE LUZ



Un anciano en su lecho de muerte llamó a sus tres hijos y les dijo:

-No puedo dividir en tres lo que poseo, eso dejaría muy pocos bienes a cada uno de vosotros. He decidido dar todo lo que tengo, como herencia, al que se muestre más habil y más inteligente. Dicho de otra forma, a mi mejor hijo. He dejado encima de la mesa una moneda para cada uno de vosotros. Cogedla. El que compre con esa moneda algo con lo que llenar la casa se quedará con todo.


Se fueron.

El primero compró paja, pero sólo pudo llenar la mitad de la casa.


El segundo compró sacos de plumas, pero no pudo llenar la casa mucho más que el anterior.


El tercer hijo -que consiguió la herencia- sólo compró una vela, esperó a la noche, la encendió y llenó la casa de luz.


Cuento etíope, autor desconocido

lunes, 20 de diciembre de 2010

La fábula del puerco espín

¿Alguna vez han visto un puercoespín pequeñito?, vean estas hermosas imágenes y conozcan la fábula.

 






La fábula del puerco espín
Durante la Edad de Hielo, muchos animales murieron a causa del frío.
Los puercoespín dándose cuenta de la situación, decidieron unirse en grupos. De esa manera se abrigarían y protegerían entre sí, pero las espinas de cada uno herían a los compañeros más cercanos, los que justo ofrecían más calor. Por lo tanto decidieron alejarse unos de otros y empezaron a morir congelados.
Así que tuvieron que hacer una elección, o aceptaban las espinas de sus compañeros o desaparecían de la Tierra. Con sabiduría, decidieron volver a estar juntos. De esa forma aprendieron a convivir con las pequeñas heridas que la relación con una persona muy cercana puede ocasionar, ya que lo más importante es el calor del otro.
De esa forma pudieron sobrevivir.
Moraleja de la historia
La mejor relación no es aquella que une a personas perfectas, sino aquella en que cada individuo aprende a vivir con los defectos de los demás y admirar sus cualidades.

domingo, 12 de diciembre de 2010

El otro yo - Mario Benedetti

Se trataba de un muchacho corriente: en los pantalones se le formaban rodilleras, leía historietas, hacía ruido cuando comía, se metía los dedos a la naríz, roncaba en la siesta, se llamaba Armando Corriente en todo menos en una
 cosa: tenía Otro Yo.
El Otro Yo usaba cierta poesía en la mirada, se enamoraba de las actrices, mentía cautelosamente , se emocionaba en los atardeceres. Al muchacho le preocupaba mucho su Otro Yo y le hacía sentirse incómodo frente a sus amigos. Por otra parte el Otro Yo era melancólico, y debido a ello, Armando no podía ser tan vulgar como era su deseo.
Una tarde Armando llegó cansado del trabajo, se quitó los zapatos, movió lentamente los dedos de los pies y encendió la radio. En la radio estaba Mozart, pero el muchacho se durmió. Cuando despertó el Otro Yo lloraba con desconsuelo. En el primer momento, el muchacho no supo que hacer, pero después se rehizo e insultó concienzudamente al Otro Yo. Este no dijo nada, pero a la mañama siguiente se habia suicidado.
Al principio la muerte del Otro Yo fue un rudo golpe para el pobre Armando, pero enseguida pensó que ahora sí podría ser enteramente vulgar. Ese pensamiento lo reconfortó.
Sólo llevaba cinco días de luto, cuando salió la calle con el proposito de lucir su nueva y completa vulgaridad. Desde lejos vio que se acercaban sus amigos. Eso le lleno de felicidad e inmediatamente estalló en risotadas . Sin embargo, cuando pasaron junto a él, ellos no notaron su presencia. Para peor de males, el muchacho alcanzó a escuchar que comentaban: «Pobre Armando.Y pensar que parecía tan fuerte y saludable».
El muchacho no tuvo más remedio que dejar de reír y, al mismo tiempo, sintió a la altura del esternón un ahogo que se parecía bastante a la nostalgia.
Pero no pudo sentir auténtica melancolía,
porque toda la melancolía se la había llevado el Otro Yo.

miércoles, 17 de noviembre de 2010

Una historia Zen

Un monje Zen atravesaba un bosque. De repente se dió cuenta de que le seguía un tigre, así que empezó a correr. Pero su carrera era de tipo zen; no tenía prisa. No es que estuviese loco. Su correr era suave, armonioso. Disfrutaba de ello. Se dice que el monje pensaba: "Si el tigre disfruta ¿por qué no puedo hacerlo yo?".
Y el tigre le seguía. Luego llegó cerca de un precipicio. Para escapar del tigre se colgó de la rama de un árbol. Y a continuación miró hacia abajo. En el valle había un león, esperándole. Llegó el tigre y se detuvo cerca del árbol, en lo alto de la montaña. Y el monje colgaba de una rama justo en medio de un león esperándole mas abajo.
Se rió. Luego miró con mas atención. Dos ratones se dedicaban a cortar la rama de la que colgaba. Entonces estalló en carcajadas. Y se dijo: "Así es la vida. Día y noche, como un ratón blanco y otro negro. Y vayas donde vayas, la muerte te espera. ¡Así es la vida!" Se dice que alcanzó un satori, el primer vislumbre de la iluminación. ¡Así es la vida! No hay nada de lo que preocuparse; así es como funcionan las cosas. Vayas donde vayas la muerte te aguarda. Y aunque no vayas a ningún sitio, el día y la noche te recortan la vida. Así que rió a carcajadas.
Miró a su alrededor. No había de que preocuparse. ¿De qué te vas a preocupar cuando la muerte es algo seguro? Sólo en la incertidumbre pueden medrar las preocupaciones. Cuando todo es indiscutible no existe la preocupación; ahora se ha convertido en un destino. Así que se dedicó a ver cómo podía disfrutar de esos escasos momentos. Se dió cuenta de que junto a la rama crecían algunas fresas, así que recogió algunas y se las comió. Ah, eran lo mejor de la vida. Se dice que se iluminó en ese preciso instante.
Se convirtió en un buda porque tuvo la muerte muy cerca y no tuvo prisa. Disfrutó de las fresas. ¡Qué dulces! ¡Su gusto era dulce! Dió gracias a la existencia. Se dice que es ese momento todo desapareció: el tigre, el león, la rama, y también él mismo. Se había convertido en parte del cosmos.

Eso es paciencia, ¡paciencia absoluta! Estés donde estés en este momento, disfruta de él sin preguntarte por el futuro. Sin futuro en la mente, sólo el momento presente, la presencia del momento, y estarás satisfecho. No habrá necesidad de ir a ningún sitio. Estés donde estés, desde ese punto caerás en el océano; te harás uno con el cosmos.

El sendero del yoga OSHO

viernes, 22 de octubre de 2010

Cuentan que Dios.....

Cuentan que Dios estaba en el sexto día de la creación amasando barro para dar forma al hombre. Éste tenía tanta prisa por ser que se le escapó de las manos a medio hacer.
- Ésta será entonces la tarea de tu vida - le dijo Dios:
acabarte de construir y colaborar conmigo en la creación.

Corazón que siente, ojos que ven (Mercè Conangla i Jaume Soler)

jueves, 30 de septiembre de 2010

El pedazo selecto

Por aquel entonces, un maestro Chan había dado a un discípulo laico un hua tou para que meditase en él: "¿Quién tiene la naturaleza de Buddha?".
Un hua tou es una especie de enigma cuyo uso permite al intelecto agotarse y que brote el despertar.


Como pasaba cada día junto a un puesto de carnicero, oía las voces que venían de él.
 Le llegaban trozos de conversación:
"La mejor carne.....", "Una carne pura y limpia....", "Los mejores pedazos..."
De hecho él no prestaba mucha atención a todo aquel guirigay. Un día oyo a una compradora el acostumbrado: "¡Déme los mejores pedazos!"
Tanto insistía, que terminó irritando al carnicero. Éste enfadado le respondió:
"¡Todos los pedazos son trozos selectos!"

El discípulo comprendió entonces el sentido de su hua tou: si todos los pedazos de carne son selectos, todos los seres poseen la naturaleza de Buddha. Todos los seres están provistos de ella.
 ¿Quién no tiene la naturaleza de Buddha?
Aquel hombre alcanzó el despertar repentino. Se puso a dar saltos de alegría y a contar a todo el mundo que los seres son intrínsecamente puros y todos poseen la naturaleza de Buddha.
Días mas tarde encontró el sosiego y apreció la meditación sentada silenciosa como nunca la había conocido.

Según Ma Zu, el despertar repentino está más allá del bien y del mal, del amor y del odio. La realización espontánea fuera de la dualidad fué para los maestros Chan una locura pasajera altamente deseable.


EL PEQUEÑO LIBRO DE LOS CUENTOS ZEN
Adaptados por Gérard Edde

martes, 28 de septiembre de 2010

La esmeralda escondida

Dos amigos de toda la vida se volvieron a encontrar un día tras haber estado más de veinte años sin verse. Uno se había convertido en rico comerciante, y el otro en un vagabundo sin un céntimo.
Tras una noche empinando el codo y evocando recuerdos de infancia, los dos comparsas se dispusieron a separarse para ir a dormir.
El rico comerciante, movido por una gran compasión, puso discretamente una esmeralda en el bolsillo de su desgraciado compañero. La había comprado poco antes para hacer muy buen negocio al revenderla.
Unos años mas tarde, los dos amigos volvieron a encontrarse por casualidad. El rico comerciante quedó sorprendido al encontrar que su amigo seguía en el mismo estado de pobreza, todavía vestido como un vagabundo.
"¿Sigues igual de pobre?
- Ya lo ves. me parece que soy incapaz de ganarme la vida correctamente.
- ¡Pero que tonto! - exclamó el comerciante - ¡No has encontrado la piedra que te puse en el bolsillo!"

Esta fábula, recogida por numerosos maestros Chan tiene su origen en el Sutra del Loto. Muestra la dificultad para encontrar la riqueza interior, que sin embargo está tan próxima a nosotros.

EL PEQUEÑO LIBRO DE LOS CUENTOS ZEN adaptados por Gérard Edde

La flor del origen



Tras su sermón en el monte Gridhakuta, Buddha tomó una flor de loto de color dorado y, sin pronunciar palabra, la mostró a toda la asamblea de discípulos. Estuvo largo tiempo sin decir nada, exponiendo aquella flor a la santa asistencia.
Los presentes guardaron silencio y entraron en meditación.
Solo Kasyapa (Jia Ye) mostró repentinamente una sonrisa iluminada. Sin palabras, directamente de espíritu a espíritu, había percibido la gran enseñanza.
Buddha satisfecho, dió la flor a Kasyapa y dijo ante los asombrados monjes:
"Este es el secreto de la correcta visión del dharma, la visión sutil e inefable procedente del corazón del Nirvana....
Tal visión no se basa en las palabras ni en las letras.
Se transmiten directamente, fuera de todo escrito.
Con este gesto transmito este secreto al gran Kasyapa"

Para la escuela Chan, el Buddha Sakyamuni se encuentra indudablemente en el origen de las enseñanzas y de la tradición oral.

EL PEQUEÑO LIBRO DE LOS CUENTOS ZEN adaptados por Gérard Edde

domingo, 26 de septiembre de 2010

La historia de los sentimientos



QUE BONITO CUENTO!! :-)

Tenía que descubrir quien es Mariano Osorio, quien relata estas maravillas, aqui tenéis algo sobre él....

http://es.wikipedia.org/wiki/Mariano_Osorio_(locutor)

sábado, 25 de septiembre de 2010

El pequeño cervatillo


La tradición hindú cuenta una historia que describe muy bien la búsqueda espiritual. Es sobre un cervatillo, una criatura adorable que tiene su casa en las laderas bajas del Himalaya.

Se dice que un día un cervatillo se dirigió a su abuela, confundido. "Abuela -dijo-, he olido una fragancia penetrante. ¿De que se trata? ¿De dónde procede? ¿Por qué no vas y olfateas a los animales del bosque para ver si procede de ellos?, contestó la abuela. Así pues, el cervatillo se acercó al león, lo olfateó y dijo: "No, no es el león". Después se acercó al tigre y dijo: "No, definitivamente no es el tigre". Más tarde hizo lo mismo con el mono, el oso, el pez, el elefante; uno a uno, se acercó a todos los animales del bosque y finalmente, bastante desconcertado, regresó junto a su abuela. "He olfateado cada uno de los animales del bosque -dijo-, y ninguno de ellos desprende este aroma". La abuela se limitó a sonreir sabiamente y dijo: "Ahora olfatea tu propia pata". El cervatillo levantó su pata, la olfateó y lanzó un grito de alegría.
"Soy yo -gritó-. ¡Soy yo! ¡Soy yo!"

TU VIDA ES TU MENSAJE de Eknath Easwaran

domingo, 12 de septiembre de 2010

Dharmaputra y su perro





Hay una historia en la tradición hindú que ilustra de forma muy hermosa la compasión por todas las criaturas y que es la clave de la ecología espiritual.
Una vez vivió allí un rey de nombre Dharmaputra que era el colmo de la virtud y de la compasión. Cuando le llegó la hora de abandonar su cuerpo, subió al cielo acompañado de un perro. Al llegar a la puerta del cielo, el equivalente hindú a San Pedro buscó su nombre. "vamos a ver.....Dharmaputra. Sí, me han dado la orden de que te deje pasar. Pero no tengo ninguna lista en la que figure un perro".
"¿Le importaría volver a mirar, por favor?", preguntó Dharmaputra.
Así que San Pedro volvió a repasar la lista y dijo: "Lo siento, pero no hay ninguna orden de entrada para un perro".
Dharmaputra no dudó un instante. "Este perro me quiere -dijo-. Dondequiera que yo vaya, él viene también. De modo que tengo que llevarlo conmigo."
San Pedro volvió a repasar su lista. "Las normas son las normas -dijo finalmente-. O entras solo o te marchas."
Dharmaputra no lo pensó dos veces. Simplemente dijo: "Si no entra el perro, yo tampoco".
Entonces sucedió un milagro. De repente, en el lugar del perro apareció Sri Krishna, el Señor del Amor, al lado de Dharmaputra.
San Pedro abrió la puerta y, según mi versión de la historia, mientras Dharmaputra entraba en el Cielo, Sri Krishna se agachó y murmuró: "te has salvado por lo pelos eh?"
Las pequeñas historias com ésta nos recuerdan que debemos ser compasivos con todas las criaturas y comprender que en ellas habita el mismo yo superior que en nosotros. La base del cambio que tan a menudo recomiendo es adoptar una dieta vegetariana. Disfrutar de una saludable y sabrosa dieta constituida por vegetales frescos, frutas, cereales y nueces es una buena forma de mejorar nuestra salud, para poder proteger los bosques de todo el planeta y para expresar nuestro amor a  todos los seres vivientes.
Para un ecologista espiritual todas las criaturas son sagradas. Podemos hacer mucho por la tierra explicando a nuestros hijos historias parecidas y ayudándoles a cultivar relaciones de amor con los animales y los pájaros. Es muy positivo para ellos y también para las demás criaturas.

TU VIDA ES TU MENSAJE de Eknath Easwaran

miércoles, 8 de septiembre de 2010

La tristeza y la furia


En un reino encantado donde los hombres nunca pueden llegar, o quizá donde los hombres transitan eternamente sin darse cuenta....

En un reino mágico donde las cosas no tangibles se vuleven concretas...

Había una vez....

un estanque maravilloso.

Era una laguna de agua cristalina y pura donde nadaban peces de todos los colores existentes y donde todas las tonalidades de verde se reflejaban permanentemente...
Hasta aquel estanque mágico y transparente se acercaron la tristeza y la furia para bañarse en mútua compañía.
Las dos se quitaron sus vestidos y, desnudas, entraron en el estanque.
La furia, que tenía prisa (como siempre le ocurre a la furia), urgida -sin saber por qué-, se bañó rápidamente y, más rápidamente aún, salió del agua...
Pero la furia es ciega o, por lo menos no distingue claramente la realidad. Así que, desnuda y apurada, se puso, al salir, el primer vestido que encontró...
Y sucedió que aquel vestido no era el suyo, sino el de la tristeza....
Y así, vestida de tristeza la furia se fué.

Muy calmada, muy serena, dispuesta como siempre a quedarse en el lugar donde está, , la tristeza terminó su baño y, sin ninguna prisa -o, mejor dicho, sin conciencia del paso del tiempo-, con pereza y lentamente, salió del estanque.
En la orilla se dió cuenta de que su ropa ya no estaba.
Como todos sabemos, si hay algo que a la tristeza no le gusta es quedar al desnudo. Así que se puso la única ropa que había junto al estanque: el vestido de la furia.

Cuentan que, desde entonces, muchas veces uno se encuentra con la furia, ciega, cruel, terrible y enfadada. Pero si nos damos tiempo para mirar bien, nos damos cuenta de que esta furia que vemos es sólo un disfraz, y que detrás del disfraz de la furia, en realidad, está escondida la tristeza.

CUENTOS PARA PENSAR de Jorge Bucay

domingo, 15 de agosto de 2010

Felicidad

Una vez pregunté a mi maestra, mi abuela, por qué un hombre que vivía en nuestro pueblo nunca parecía ser feliz, a pesar de tener todas las cosas positivas que la vida puede ofrecer: gozaba de buena salud, tenía una familia encantadora, un buen empleo y también una abundante mata de cabello. La respuesta fué simple, pero profunda: "La vida no puede hacer feliz a una persona egoísta, cualesquiera que sean las satisfacciones temporales de las que pueda disfrutar. Pero si uno vive para procurar alegría a los demás -añadió-, la vida no podrá sino ofrecerle alegría".


(Tu vida es tu mensaje de Eknath Easwaran)



jueves, 12 de agosto de 2010

Un lugar en el bosque

Esta historia nos habla de un famoso rabino jasídico: Baal Shem Tov.


Baal Shem Tov era muy conocido dentro de su comunidad pq todos decían que era un hombre tan piadoso, tan bondadoso, tan casto y tan puro que dios escuchaba sus palabras cuando él hablaba.


Se había creado una tradición en aquel pueblo: todos los que tenían un deseo insatisfecho o necesitaban algo que no habían podido conseguir, iban a ver al rabino.


Baal Shem Tov se reunía con ellos una vez por año, en un día especial que él elegía. Y los llevaba a un lugar único que él conocía, en medio del bosque.


Y, una vez allí, cuenta la leyenda, Baal Shem Tov encendía con unas ramas y hojas un fuego de una manera muy particular y hermosa, y entonaba después una oración en voz muy baja, como si fuera para sí mismo.


Y dicen....


Que a Dios le gustaban tanto aquellas palabras que Baal Shem Tov decía, se fascinaba tanto con el fuego encendido de aquella manera, amaba tanto aquella reunión de gente en aquel lugar del bosque.....que no podía resistirse a la petición de Baal Shem Tov y concedía los deseos de todas las personas que allí estaban.


Cuando el rabino murió, la gente se dió cuenta de que nadie conocía las palabras que Baal Shem Tov decía cuando iban todos juntos a pedir algo.
Pero conocían el lugar del bosque y sabían como encender el fuego.


Una vez al año, siguiendo la tradición que Baal Shem Tov había instituido, todos los que tenían necesidades y deseos insatisfechos se reunían en aquel mismo lugar del bosque, prendían el fuego de la manera que habían aprendido del viejo rabino y, como no conocían sus palabras, cantaban cualquier canción o recitaban un salmo, o sólo se miraban y hablaban de cualquier cosa en aquel mismo lugar alrededor del fuego.


Y dicen....


Que a Dios le gustaba tanto el fuego encendido, le gustaba tanto aquel lugar en el bosque y aquella gente reunida.....que aunque nadie decía las palabras adecuadas, igualmente concedía los deseos a todos los que allí estaban.


El tiempo ha pasado y, de generación en generación, la sabiduría se ha ido perdiendo....


Y aquí estamos nosotros,


Nosotros no sabemos cual es el lugar del bosque.


No sabemos cuáles son las palabras....


Ni siquiera sabemos como encender el fuego como lo hacía Baal Shem Tov....


Sin embargo, hoy algo sí que sabemos.


Sabemos esta historia.


Sabemos este cuento...


Y dicen....


Que Dios adora tanto este cuento,


que le gusta tanto esta historia,
que basta que alguien la cuente
y que alguien la escuche
para que Él, complacido,


satisfaga cualquier necesidad
y conceda cualquier deseo


a todos los que están compartiendo este momento....


Así sea....




(Cuentos para Pensar-Jorge Bucay)