TODOS LOS SERES HUMANOS ESTÁN INMERSOS EN LA BÚSQUEDA DE LA PAZ INTERIOR. Y, AUNQUE CONOCEN LOS CAMINOS MUNDANOS Y PUEDEN OBTENER TODO LO QUE DESEAN, SABEN QUE LO MÁS PRECIOSO ES LA PAZ INTERIOR PERO ¿QUÉ ES ESTA PAZ? ¿UNA IDEA? ¿UNA EXPERIENCIA? ¿CÓMO SE PUEDE ENCONTRAR?







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jueves, 4 de agosto de 2011

Que es la felicidad?

De acuerdo a usted, ¿qué es la felicidad?
Es una manera de ser basado en la libertad interior, fortaleza, amor altruista y sabiduría, lo que nos provee con los recursos necesarios para lidiar con los altibajos de la existencia.


¿Cuál es su idea acerca del sufrimiento?
Nace de la ignorancia que nos conduce al apego autocentrado, deseo y odio y, al final, tormentos interminables.


¿Cuáles son los principios subyacentes de practicar la meditación?
 Dar surgimiento a una motivación altruista: transformarse a uno mismo para así aliviar el sufrimiento de otros.
Tratar de saborear la frescura del momento presente, sin morar en el pasado o imaginar el futuro.
Tratar de recuperar la libertad interior que está siempre presente bajo el torbellino de pensamientos errantes.

Matthieu Ricard

miércoles, 20 de julio de 2011

Un milagro

"La gente considera un milagro caminar sobre el agua o en el aire. Creo que el verdadero milagro no es caminar en el agua o en el aire, si no sobre la tierra. Todos los días estamos inmersos en un milagro del que ni siquiera nos damos cuenta: un cielo azul, nubes blancas, hojas verdes, los curiosos ojos de un niño, nuestros propios ojos.... todo ello es un milagro".

 Thich Nhat Hanh


El dinero no puede comprar la felicidad

Recientemente conocí a una persona mayor que expresó su tristeza acerca del apego que muchos de sus amigos tenían por su dinero aún y cuando la muerte los acechaba. Concluyó: “Cuál es el caso? Uno nunca ha visto una caja fuerte sobre un feretro”.


¿Qué nos gustaría heredar a nuestros hijos? ¿Una imagen embelezada de nosotros? ¿Posesiones materiales por las cuales van a pelear? ¿No sería mejor dejarles una fuente de inspiración, una vision global significativa que les pueda dar seguridad todos los días de su vida?


Riqueza, placeres, rangos y poder son todos buscados como una manera para lograr ser felices. Pero a medida que nos esforzamos se nos olvida la meta y pasamos nuestro tiempo persiguiendo los medios por sí solos. Al hacer esto, perdemos de vista el objetivo y permanecemos profundamente insatisfechos. Este intercambio de medios por fines es una de las trampas principales en el camino de la persecución de una vida significativa. Como lo dijo Richard Layard, profesor de la Escuela de Economía de Londres, “Algunas personas dicen que no deberías de pensar acerca de tu propia felicidad, ya que solo puedes ser feliz como consecuencia de algo más. Esa es una filosofía sombría, una fórmula que nos hace estar ocupados a cualquier costo”.


La riqueza, como cualquier otra herramienta, puede usarse para construir o destruir. Puede facilitar el bienestar y la generosidad o puede fomentar la avaricia, arrogancia e insatisfacción que son obstáculos para la felicidad auténtica. La riqueza puede ser un medio excepcional para hacer el bien y consecuentemente conducirnos a una vida plena. La riqueza también conlleva riesgos. Puede hacer miserable nuestra vida y nos puede llevar a lastimar a otros.


Obviamente para aquellos que no cuentan con los medios básicos de subsistencia, el doblar o triplicar sus recursos puede hacer una gran diferencia y conllevar una sensación real de satisfacción y alivio. Todos los estudios han demostrado que, más alla de eso, el aumento de fortuna no lleva a un correspondiente incremento de bienestar. Nadie rechazaría un aumento de sueldo y todo el mundo se regocijaría si ganara la lotería. Sin embargo, fuera de un euforia temporal que estos eventos provocan, no nos traen una mejoría duradera en nuestro estado de bienestar: después de cierto punto, simplemente no hay una relación entre la riqueza y la auténtica felicidad.


El dinero no puede comprar la felicidad a menos que se gaste en otros.


Sin embargo, otros estudios han demostrado que, cuando se gasta en otros el dinero puede, de hecho, comprar la felicidad. Hay un correlación innegable entre el altruismo y la felicidad. Emocionalmente es mejor dar que recibir y las personas que son más altruistas son las que aparentan ser las más felices. “Encontramos que la gente más feliz es aquella que gasta más dinero en otros”, dice Elisabeth Dunn, la principal autora del estudio* que midió que tan feliz se sentía la gente después de gastar en ellos mismos o después de dar dinero a causas sociales como sería comprar una comida a alguien o donar a una organización de caridad. Esto se ha comprobado tanto con filantropía a gran escala como en donaciones tan pequeñas de 5 dólares.


El trabajo realizado por Martin Seligman, uno de los pioneros de la “psicología positiva”, ha demostrado que el gozo producto de una acción de bondad desinteresada provee profunda satisfacción. Para verificar esta hipótesis, le pidió a un grupo de estudiantes que salieran a divertirse mientras que a otro grupo les pidió que participaran en una actividad filantrópica y luego escribieran un reporte para su próxima clase.


Los resultados fueron asombrosos: la satisfacción producida por las actividades placenteras tal como salir con amigos, ver una película o disfrutar un helado fueron en gran parte eclipsadas por aquellas derivadas de haber hecho un acto bondadoso. Cuando el acto fue espontáneo y sacó a relucir cualidades humanas, el día mejoró; los sujetos notaron que se volvieron mejor escuchas, amigables y apreciaban más los otros. “El ejercicio de bondad es gratificante en contraste al de placer”, concluyó Seligman. Es gratificante en el sentido de crear una sensación de satisfacción duradera y un sentimiento de armonía con la naturaleza interior. De esta manera, el altruismo no es un “sacificio” sino que trae consigo una doble satisfacción para uno y los demás.


Matthieu Ricard

viernes, 24 de junio de 2011

¿Cómo puedo manejar el sentimiento de desesperanza y nulidad?

Por favor traten de contemplar lo siguiente: sin importar lo que pase, la naturaleza búdica siempre está presente en todos los seres sensibles. Por tanto, no hay nada en ningún ser humano, en nosotros o en alguien más, que esté fundamentalmente mal.

Esto no es solo una creencia ingenua. Piensen acerca de la naturaleza básica de la mente. Es aún más fundamental que la felicidad o el sufrimiento. La consciencia atenta pura es la cualidad más básica del ser: consciencia atenta. ¿Cómo puede ser degradada? Sólo el contenido de la mente, las fabricaciones mentales pueden “ir por mal camino”. De hecho, pueden ir realmente mal. Pero la naturaleza básica de la consciencia permanence inamovible.

Este es un punto crucial. Los eventos mentales son resultado de causas y condiciones innumerables que vienen de la impermanencia en la naturaleza. Por lo tanto, es imposible que estos estén permanentemente mal. Así que la percepción de que somos fundamentalmente “malos” o “equivocados” solo ocurre en tanto continuemos alimentando las cavilaciones que perpetuan un estado mental particular que nos hace pensar que somos “malos”.

¿Cuál es el camino de salida de este estado mental? Tratemos de entender que lo que percibimos como “equivocado” no es una cualidad intrínsica de la mente y como no es algo permanente no hay razón para sentirnos desesperados. Siempre hay una salida de esto.

Necesitas fomentar en tu mente las condiciones que pueden servir como antídotos directos a los estados mentales aflictivos. Sólo por dar algunos ejemplos:

  • Meditar incondicionalmente en la compasión por todos los seres que sufren tanto o más que tú.
  • Viendo la naturaleza vacía de los pensamientos cuando los observas atenta y directamente.
  • Trayendo a la mente imágenes mentales muy diferentes de aquello que está disparando tu sufrimiento (por ejemplo, pensar en un lugar apacible y armonioso).
  • Mirar hacia un lugar en lo profundo de tu ser o un estado de experiencia que no esté afectado por el sufrimiento y tratar de descansar en él.

Sobre todo, nunca perdamos la confianza de que siempre hay el potencial de cambio dentro de nosotros y que usualmente subestimamos enormemente el poder de transformación de la mente. La mente puede ser nuestra peor enemigo o nuestro mejor amigo.
Matthieu Ricard

jueves, 14 de abril de 2011

Tu práctica diaria

Pregunta el discípulo al maestro:
- ¿A qué hora del día haces tus prácticas?
El maestro responde:
- Si divides, no hay práctica.

En zen insiste en la posibilidad de rescatar la verdad a través de nuestra vida diaria, de ese fluir vital que puede ser grato o ingrato, según nuestra actitud interior, constructivo o destructivo, y cuya capacidad para formarnos y hacernos crecer depende exclusivamente de uno mismo. Toda la vida se convierte en una práctica meditativa, incluso lavar los platos, como dice el monje Tich Nhat Hanh.



Pregunta al maestro:
-¿Percibes la fragancia de las flores?
-Si - responde el discípulo
- Entonces, hijo, no tengo nada que enseñarte

He aquí la gran verdad que se nos escapa: la fragancia de las flores, o el viento batiendo las ramas de los árboles, o esa nube en el firmamento que por sí misma no sabe del bien ni del mal, ni de dualismos ni de fórmulas, ni de lo grato ni de lo ingrato.
Nos indica el zen que la mente pura es aquella que está mas allá de la mente pura y de la mente impura, aquella capaz de surgir cuando se da una conjunción de los contrarios, que es vacua y plena al mismo tiempo, intemporal, dueña de la mas amplia y penetrante cosnciencia. Para que una mente se manifieste en todo su vigor y espontaneidad son necesarios el trabajo interior, la disciplina, el coraje y el esfuerzo, la meditación.



Pregunta el discípulo:
- ¿Qué es la verdad?
- La vida de cada día

En la vida de cada día solo se aprecia eso: la vida vulgar y corriente de cada día, pero la verdad no se ve por ningún lado. Ahí está la diferencia, en que unos la ven y otros no.  [...]
Una mente que no envejece, que no se ancla, que se renueva, nos indicará la puerta a cada instante y nos abrirá nuestra puerta interior, aquella que conduce al buda que reside en nosotros. [...]
La búsqueda de esta mente exige tiempo, pero es la garantía del equilibrio interior.
Ingeniería emocional - Ramiro A. Calle

Liberación

Y cuando el discípulo le pide al maestro que le indique el camino de la liberación, el mentor pregunta:

- ¿Quién te tiene prisionero?
- Nadie
-¿Por qué buscas la liberación entonces?

martes, 12 de abril de 2011

El Zen

El zen es la vida natural, consciente, sin artificios, sin interferencias psicomentales. Es el vivir cotidiano, de instante en instante, captando la existencia en su fluir momentáneo, con la mente nueva y libre de encadenamientos conceptuales. Está más allá de toda filosofía, todo culto, todo sistema, toda ideología. Busca el desarrollo de una mente capaz de aprehender la instantaneidad en toda su grandeza, de adecuarse con espontánea y fresca precisión a las circunstancias, siempre renovada y receptiva, alerta, habitando por encima del conflicto y de la contradicción. Una mente directa que penetre en la intimidad de las cosas, que encuentre las reconfortantes conexiones de las partes con el todo, que se mantenga libre de filtros, de prejuicios, de ideas preconcebidas, de conceptos condicionantes. Una mente que pueda desplazarse más allá del intelecto, útil pero limitado; que se proyecta a planos más elevados de inteligencia, que aprende a regirse por la intuición. Una mente que se libere de los grilletes de las etiquetas, los rótulos, los dogmas.
Y en busca de esa mente más armónica, equilibrada, madura y fecunda, el zen gusta de convertirse en irreverente, descarado, chocante y desconcertante. Para que el discípulo logre una mente así el maestro recurre a los métodos más sorpresivos, a la paradoja, a las exclamaciones inesperadas, a las acrobacias dialécticas e incluso a la bofetada y a la increpación despiadada. El zen quiere vapular anímicamente al individuo para despertarlo, para quebrar sus rutinas internas, para descabalgarlo de su asfixiante lógica; golpea sus conceptos más apreciados, sus concepciones más queridas, sus puntos de vista más sólidos. Lleva al aspirante contra las cuerdas, lo acosa, lo instiga, lo acorrala. Barre ideas y convencionalismos, aniquila esquemas; nos previene contra las resistencias psicológicas, las proyecciones psíquicas, los subterfugios y los mil modos de evasión que utilizamos y nos alejan de nuestra autonaturaleza o naturaleza búdica.
Cuando cogemos un vaso de agua fresca y deslizamos el agua por nuestra boca, sintiendo vivamente el agua fluyendo por nuestra garganta, entonces hay zen. Pero en el mismo momento en que pensamos que es agua y el agua está fresca, y nos dejamos envolver por la dinámica mental, y conceptuamos y analizamos, el zen desparece. Porque el zen es la experiencia directa, inmediata, sin filtros ni viejas asociaciones, sin que intervenga la mente llena de experiencias pasadas, de oxidadas vivencias, de deformadoras cicatrices. Si te encuentras frente a esa gran montaña, silente y receptivo, la montaña en ti y tú en la montaña, sintiendo y viviendo la montaña, viéndola como tal, experimentándola como ella misma es, entonces estás viviendo en el mas puro zen. Pero si intreviene  todo aquello que tu mente ha acumulado durante años, si se desatan los procesos mentales de comparación y distinción, si analizas y reflexionas, si se desencadenan los torbellinos discursivos, entonces ¿dónde está el zen? Se ha disipado como el humo se escapa de las manos.
Bombardeados por las impresiones sensoriales desde el momento en que venimos a este mundo, blanco de todas las influencias del exterior, sometidos al medio ambiente familiar, social y cultural, nuestra mente va acumulando dato tras dato, punto de referencia tras punto de referencia, y conceptos, muchos conceptos, dogmas, ideas. Y todo ello se va almacenando en la trastienda de la mente, condicionándola, mediatizándola, falseando sus percepciones, frustrando todo conocimiento supraconsciente, cerrando el paso al equilibrio interior y deformando, además, la cognición.
El zen con sus singulares y llamativos procedimientos, pretende demostrar todo ese mundo interior adquirido y artificial; destruirlo para construirlo en base a una mayor autenticidad; remodelar la esfera psicomental; reorientar las potencias internas; obtener una forma nueva de ver las cosas, de asumir los acontecimientos, de percibir la existencia. Por todo ello, el zen pretende liberarnos incluso en aquellos conceptos que podamos tener por más elevados. [...]
La auténtica libertad interior es la completa ausencia de vínculos, de ataduras, de elementos condicionantes. Según el zen, el individuo crea constantemente artificios, contradicción; es un producto psicológico, un resultado cultural, distanciado de su autonaturaleza o naturaleza real, incapacitado para ser guiado e iluminado por los dictados del lado luminoso de su inconsciente, siempre buscando fuera de sí mismo, alineándose, desequilibrándose, engarzándose en quimeras, incrementando ilusión e ignorancia, dejándose envolver por las apariencias, abortando sus mejores energías internas, desorientado pero lleno de ideas y conceptos; cegado por el agobiante pensamiento dual, danzando entre los opuestos (frío-calor, amargo-dulce), ignorante de la verdad que reside en sí mismo, corriendo frenéticamente en pos de falsas ensoñaciones, esclavo de su ego, incapaz de ver más allá de la burda personalidad.
La persona se pierde en sus propios laberintos mentales y emocionales. Compulsiva, interiormente desintegrada, de espaldas al equilibrio interior, deteriorada mentalmente, se evade de continuo. Hasta en sus búsquedas espirituales tiende a la evasión. Busca un maestro que efectúe todo el trabajo interior por él, tiende a divinizar a aquellos de los que espera una instrucción espiritual, hace de la búsqueda espiritual un pasatiempo más, un medio para renovar su capacidad de asombro, un escapismo. El ser humano ha estado programado a lo largo de años, queriendo cambiar pero siendo el mismo, aferrado a su ego, viviendo anclado en el pasado y proyectado en el futuro, sin percibir en toda su intensidad el esto-aquí-ahora. Abstracciones, especulaciones filosóficas, elaboradas elucubraciones que no conducen mas que a la desorientación y al despilfarro de las propias energías.  El zen quiere romper con todo ello; nos insta a que arrojemos fuera de nosotros todo aquello que es adquirido; se muestra a veces como un "taladrador" que pretende calar hasta las profundidades de la mente para aniquilar todo lo que de residual en ella permanece.

Ingeniería emocional - Ramiro A. Calle


jueves, 10 de marzo de 2011

La contemplación de los pensamientos


LA CONTEMPLACIÓN DE LOS PENSAMIENTOS
Extracto del Siksãsamuccaya
(Traducido del sánscrito por Edward Conze)

Él intenta buscar por todas partes dónde se encuentran los pensamientos que surgen en su mente. Pero ¿qué son los pensamientos? Son apasionados, odiosos o confusos. ¿Y qué hay del pasado, el futuro o el presente? El pasado se ha extinguido, el futuro no ha llegado aún y el presente es efímero. Ya que los pensamientos, Kasyapa, no pueden encontrarse dentro ni fuera de uno, ni entre medio de ambos lugares. Pues los pensamientos son inmateriales, invisibles, frágiles, inconcebibles, inestables e insustanciales. No hay ningún Buda que los haya visto, ni que los vea, ni que vaya a verlos. Y aquello que los Budas no pueden nunca ver, ¿cómo podría ser un proceso observable, salvo en el sentido de que los dharmas actúan a través de una percepción falsa? Los pensamientos son como una ilusión mágica: al imaginar algo que no es real, tienen lugar una gran variedad de renacimientos. Un pensamiento es como la corriente de un río, no tiene ninguna estabilidad: en cuanto es creado, se manifiesta y luego desaparece. Un pensamiento es como la llama de una lamparilla y actúa a través de las causas y las condiciones. Es como un relámpago, aparece por un momento y al siguiente desaparece....
Al buscar los pensamientos por todas partes, no los encuentra ni dentro de sí mismo ni fuera. Ni tampoco en los skandha*, o en los elementos, o en las esferas de los sentidos. Incapaz de dar con ellos, intenta descubrir su naturaleza observando las tendencias mentales y se pregunta: ¿cómo surgen los pensamientos? Y entonces se le ocurre que "allí donde hay un objeto, surge un pensamiento". ¿Es el pensamiento una cosa y el objeto, otra? No, el pensamiento no es distinto de su objeto. Si el objeto fuera una cosa y el pensamiento, otra, habría un doble estado de pensamientos. Así que el propio objeto es el pensamiento. ¿Puede entonces el pensamiento examinar al pensamiento? No, el pensamiento no puede verse a sí mismo. Además, los pensamientos al ser agitados y sometidos a una intensa presión por todos lados, actúan sin ninguna estabilidad, como un mono o como el viento. Viajan lejos, etéreos, tornadizos, agitados por los objetos sensoriales, condicionados por las seis esferas de los sentidos, saltando de una cosa a otra. En cambio, la estabilidad, la unidireccionalidad, la inmovilidad, la imperturbabilidad, la absoluta calma y la concentración mental se llama un estado de plena conciencia.

El milagro de mindfulness (Thich Nhat Hanh)


*En el budismo los objetos de la mente se denominan los dharmas. Los dharmas suelen dividirse en cinco clases:


Forma corporal y física (rūpa): incluye no solo el cuerpo en sí, sino además la propia imagen que la persona se hace de éste.


Sensaciones (vedanā): son los datos (o información pura) que se reciben a través de los cinco sentidos y también a través de la mente. Pueden ser agradables, dolorosos o neutros.


Percepciones (en sánscrito sangñā, en pāḷi saññā): es el registro que se hace de esos estímulos sensoriales puros que la persona convierte en objetos reconocibles y distinguibles. Los pensamientos e ideas también se consideran objetos.


Tendencias mentales (en sánscrito samskāra, en pāḷi sankhāra): ‘confección, creación, formación, hacer’. Son los ‘impulsos de la voluntad’. Es la construcción de la representación o de la experiencia subjetiva del objeto percibido.


Conciencia (en sánscrito vigñāna, en pāḷi viññāna). Es un acto de atención o respuesta de la mente en el que el conocimiento del objeto se hace consciente en nosotros. La conciencia desaparece y resurge cambiada de un instante a otro y actúa de manera discriminatoria y parcial ya que existe un aferramiento a lo percibido como deseable, un rechazo contra lo no-deseable e indiferencia a lo neutro. Este constante movimiento genera insatisfacción o sufrimiento al no poder controlar cómo esos objetos percibidos aparecerán.

Estos cinco agregados o agrupación de dharmas se llaman skandha (en idioma sánscrito)

http://es.wikipedia.org/wiki/Cinco_agregados

miércoles, 26 de enero de 2011

¿A que se refiere el budismo con "Iluminación"?

La Iluminación es un estado de conocimiento perfecto o sabiduría combinado con infinita compasión. El conocimiento en este caso no siginifica la mera acumulación de información o una descripción detallada del mundo fenoménico. La Iluminación es el entendimiento de tanto, el modo relativo de existencia (la manera como las cosas aparecen ante nosotros), como del modo último de existencia (la verdadera naturaleza de las apariencias mismas). Esto incluye a nuestras propias mentes así como el mundo externo. Este conocimiento es el antídoto básico a la ignorancia y el sufrimiento.

Pero por ignorancia no nos referimos a una simple falta de información, sino más bien a una vision distorsionada de la realidad que nos hace pensar que lo que vemos a nuestro alrededor es permanente y sólido o que nuestro ‘yo’ es un ente real y autónomo. Esto nos lleva a confundir a los placeres temporales o la eliminación del dolor con la felicidad duradera. Tal ignorancia también nos lleva a tratar de construir nuestra felicidad basada en la infelicidad de los demás.

Nos sentimos atraídos a aquello que satisface nuestros egos y nos repele aquello que puede dañarlo. Por tanto, poco a poco, creamos una imagen mental distorsionada y confusa que nos lleva a comportarnos de una manera totalmente egocéntrica. La ignorancia se perpetúa y destruye nuestra paz interior.

El concepto del conocimiento, de acuerdo al Budismo, es el antídoto final del sufrimiento. En este sentido, parecería que el poder medir la brillantez de las estrellas o la distancia entre ellas son temas muy interesantes por sí mismos, pero este tipo de conocimiento no nos puede enseñar a convertirnos en mejores personas.


En una ocasión un hombre le preguntó al Buda acerca de cosmología. En respuesta el Buda recogió un puñado de hojas y preguntó: ‘Hay más hojas en mis manos o en el bosque?’ ‘Hay más en el bosque, por supuesto’, contestó el hombre. El Buda continuo: ‘Las hojas en mi mano representan el conocimiento que conduce al fin del sufrimiento’. De esta manera, el Buda demostró que hay ciertas preguntas que son superfluas. El mundo tiene campos infinitos de estudio, tan numerosos como hojas en el bosque. Pero si queremos lograr la Iluminación más que otra cosa, entonces es mejor que nos concentremos enteramente en ese objetivo y reunamos solo aquel conocimiento directamente relevante a nuestra búsqueda.



Matthieu Ricard

sábado, 15 de enero de 2011

La ciencia de la compasión - Matthieu Ricard


¿Una bonita casa en la playa? Matthieu Ricard prefiere el monasterio apartado de toda civilización donde vive, en las montañas de Nepal. ¿Una cuenta bancaria boyante? Ha entregado todo el dinero de las ventas de sus libros a la caridad. ¿Quizá un matrimonio bien avenido o una excitante vida sexual? Tampoco: a los 30 años decidió acogerse al celibato y dice cumplirlo sin descuidos. En realidad, Matthieu Ricard carece de todas las cosas que los demás perseguimos con el convencimiento de que nos harán un poco más felices. Y sin embargo, este francés de 61 años, biólogo molecular hasta que decidió dejarlo todo y seguir el camino de Buda, es más feliz que usted y yo. Mucho más feliz. El más feliz.

Científicos de la Universidad de Wisconsin llevan años estudiando el cerebro del asesor personal del Dalai Lama dentro de un proyecto en el que la cabeza de Ricard ha sido sometida a constantes resonancias magnéticas nucleares, en sesiones de hasta tres horas de duración. Su cerebro fue conectado a 256 sensores para detectar su nivel de estrés, irritabilidad, enfado, placer, satisfacción y así con decenas de sensaciones diferentes.

Los resultados fueron comparados con los obtenidos en cientos de voluntarios cuya felicidad fue clasificada en niveles que iban del 0.3 (muy infeliz) a -0.3 (muy feliz). Matthieu Ricard logró -0.45, desbordando los límites previstos en el estudio, superando todos los registros anteriores y ganándose un título –«el hombre más feliz de la tierra»– que él mismo no termina de aceptar. ¿Está también la modestia ligada a la felicidad? El monje prefiere limitarse a resaltar que efectivamente la cantidad de «emociones positivas» que produce su cerebro está «muy lejos de los parámetros normales».

El problema de aceptar que Ricard es el hombre más contento y satisfecho del mundo es que nos deja a la mayoría en el lado equivocado de la vida. Si un monje que pasa la mayor parte de su tiempo en la contemplación y que carece de bienes materiales es capaz de alcanzar la dicha absoluta, ¿no nos estaremos equivocando quienes seguimos centrando nuestros esfuerzos en un trabajo mejor, un coche más grande o una pareja más estupenda?

Los trabajos sobre la felicidad del profesor Richard J. Davidson, del Laboratorio de Neurociencia Afectiva de la Universidad de Wisconsin, se basan en el descubrimiento de que la mente es un órgano en constante evolución y, por lo tanto, moldeable. «La plasticidad de la mente», en palabras del científico estadounidense, cuyo estudio es el quinto más consultado por la comunidad investigadora internacional.

Satisfacción filipina. Tampoco es necesario leer a este hijo adoptivo de Buda o retirarse a un templo en el Himalaya para comprobar que el «dinero no da la felicidad». Los habitantes de las barriadas pobres de Manila se muestran, a pesar de sus dificultades, aparentemente más contentos que los tiburones financieros de la vecina y multimillonaria Hong Kong. Cada vez que se hace una encuesta sobre felicidad global, los filipinos aparecen entre los pueblos más satisfechos. Ni la pobreza ni el hecho de que su país haya sido declarado el «lugar del mundo más afectado por los desastres naturales» por el Centro para la Investigación y Epidemiología de Desastres parecen afectar su visión positiva de la vida. Su intensa vida social y familiar compensa penurias privaciones. Los honkoneses, con una renta per cápita 20 veces mayor, aparecen sistemáticamente en los últimos lugares en los mismos sondeos de felicidad. La presión consumista, el estrés y el deterioro de las relaciones sociales figuran entre las causas de insatisfacción más citadas por los ciudadanos.Todo el desarrollo y el dinero del mundo no han logrado levantar el ánimo de la Nueva York de Asia.

Los científicos han logrado probar que la corteza cerebral izquierda concentra las sensaciones placenteras, mientras el lado derecho recoge aquellas que motivan depresión, ansiedad o miedo. «La relación entre el córtex izquierdo y el derecho del cerebro puede ser medida y la relación entre ambas sirve para representar el temperamento de una persona», asegura Ricard, que durante sus resonancias magnéticas mostró una actividad inusual en su lado izquierdo.

Los neurocientíficos americanos no creen que sea casualidad que durante los estudios llevados a cabo por Davidson los mayores registros de felicidad fueran detectados siempre en monjes budistas que practican la meditación diariamente. Ricard lo explica en la capacidad de los religiosos de explotar esa «plasticidad cerebral» para alejar los pensamientos negativos y concentrarse sólo en los positivos. La idea detrás de ese concepto es que la felicidad es algo que se puede aprender, desarrollar, entrenar, mantener en forma y, lo que es más improbable, alcanzar definitivamente y sin condiciones.

Éxtasis mental. Lograr el objetivo de la dicha no es fácil. Ricard ha escrito una decena de libros –estos días combina sus retiros espirituales con la promoción de su obra Happiness en el mundo anglosajón– y cientos de artículos tratando de mostrar el camino y, aunque la mayoría de sus obras se han convertido en éxitos editoriales, el propio autor descarta que su lectura garantice el éxito.

Al igual que un logro en atletismo o en la vida laboral, el cambio sólo es posible con esfuerzo y tenacidad, pero Ricard asegura que todo habrá merecido la pena una vez se alcanza el estado de éxtasis mental que logran los elegidos. En su Defensa de la felicidad (Urano), la traducción de su último libro publicado en España, el monje explica cómo nuestra vida puede ser transformada incluso a través de variaciones mínimas en la manera en que manejamos nuestros pensamientos y «percibimos el mundo que nos rodea».

Es un viaje hacia el interior de uno mismo que Matthieu Ricard recorrió contra todo pronóstico. Nacido en París en 1946, el «monje feliz», como se le conoce en todo el mundo, creció en un ambiente ilustrado. Su padre, Jean-François Revel, fue un reconocido escritor, filósofo y miembro de la Academia Francesa que reúne a la elite intelectual del país galo. Su madre dedicó gran parte de su vida profesional a la pintura surrealista y tuvo un gran éxito antes de convertirse también ella en monja budista. Ricard vivió en su juventud los excesos propios del París de los años 60 y tras terminar sus estudios de secundaria se decidió por las ciencias. Hizo su doctorado en genética celular en el Instituto Pasteur de París y trabajó con el premio Nobel de medicina François Jacob. Parecía destinado a convertirse en uno de los grandes investigadores del campo de la biología cuando le dio a su padre el disgusto de su vida.

El estudio de textos budistas desencadenó una llamada espiritual que le llevó a dejarlo todo. Decidió que el laboratorio no era lo suyo y partió hacia el Himalaya para hacerse discípulo de Kangyur Rinpoche, un histórico maestro tibetano de la tradición Nyingma, la más ancestral escuela del budismo. Era 1972 y las próximas tres décadas de este francés de carácter suave y cultura exquisita –el único europeo que lee, habla y traduce el tibetano clásico– iban a ser dignas del mejor guión de una película.

Tras estudiar con los grandes maestros del budismo, pasar meses en retiros y recorrer los pueblos del Himalaya, conoció al Dalai Lama y en 1989 se convirtió en uno de sus principales asesores y en su traductor al francés. Su posición como mano derecha del Señor de la Compasión le ha convertido en la figura budista occidental más influyente del mundo y llevaron al gobierno francés a concederle la Orden Nacional Francesa.

La vida elegida por Ricard le enfrentó a los ideales en los que se había formado y al ateísmo de su padre. Ambos decidieron discutir sus diferencias en El monje y el fisólofo, un diálogo que sólo en Francia vendió 500.000 copias y en el que la búsqueda de la felicidad está presente en cada capítulo. «Tenía muchas esperanzas en su futuro profesional y me parecía una lástima que abandonara [su carrera científica]. Después me di cuenta de que había transferido su espíritu científico al estudio del budismo», decía el padre antes de morir, una vez hubo aceptado la elección de Matthieu.

La idea de Ricard de ofrecerse para los estudios de la mente que llevaba a cabo la Universidad de Wisconsin estuvo influenciada por el propio Dalai Lama, que durante años ha colaborado con científicos occidentales, facilitando el análisis cerebral de los monjes y su capacidad de aislar la mente durante las sesiones de meditación. Uno de los aspectos que más ha fascinado a los investigadores es la capacidad de los monjes de suprimir sentimientos que hasta ahora creíamos inevitables en la condición humana: el enfado, el odio o la avaricia. El estudio de sus cerebros demuestra una capacidad extraordinaria para controlar sus impulsos basados en el principio de que Buda no prometió a sus seguidores la salvación en el cielo, sólo el final de sus sufrimientos en la tierra si lograban controlar sus deseos. Para muchos ese ha sido uno de los puntos flacos del budismo: la limitación de las ambiciones personales y la pasividad. Ricard suele acudir a una anécdota del Dalai Lama para negar que el control de los impulsos negativos sea igual a pasividad o falta de respuesta, por ejemplo ante un crimen o un genocidio. «Alguien le preguntó en una ocasión al Dalai Lama qué haría si alguien entra en una habitación para matar a todos los presentes. Su respuesta irónica fue: «Empezaría por dispararle a las piernas. Y si eso no funciona, apuntaría a la cabeza».

Ricard cree que el problema es que nuestros sentimientos negativos hacia otras personas no están a menudo justificados, sino que los hemos creado nosotros en nuestra mente de forma artificial como respuesta a nuestras propias frustraciones. Y ése es uno de los impulsos que el monje francés piensa que hay que aprender a controlar si se quiere ser feliz. Para el escritor, la felicidad es «un tesoro escondido en lo más profundo de cada persona». Atraparla es cuestión de práctica y fuerza de voluntad, no de bienes materiales, poder o belleza. Los que llegan al final del viaje y logran la serenidad que lleva a la dicha, asegura Ricard, sienten lo mismo que «un pájaro cuando es liberado de su jaula».

Matthieu Ricard ve en resultados como éste la prueba de que cualquiera, no importa las desgracias que haya vivido, puede alcanzar la felicidad si cambia el chip mental que a menudo nos hace detenernos en los aspectos negativos de la existencia. Incluso la pérdida de los seres queridos puede sobrellevarse con relativa facilidad si se afronta la muerte desde una perspectiva nueva, menos centrada en su dramatismo. «Mi padre murió el año pasado a los 82 años. Como dependía tanto de su brillantez intelectual, cuando se vio limitado se desanimó», asegura el monje, para quien la muerte de quienes nos rodean debe ser aceptada como un paso más en el ciclo natural de la vida y no necesariamente como un episodio triste. «El mejor homenaje que podemos ofrecer a los que ya no están con nosotros es vivir la vida de forma constructiva, ser conscientes de que nacemos solos y morimos solos. ¿Por qué no sentir que cada ser humano es nuestro familiar, que cada casa es nuestro hogar?».

Los investigadores que han estado analizando las emociones de Ricard creen que los resultados podrían servir para paliar enfermedades como la depresión y llevar a la gente a entrenar una mente saludable de la misma forma que hoy se acude al gimnasio a mejorar la forma física. Más aún, si como sugiere Ricard, una de las claves de la satisfacción personal es el control y la supresión de instintos negativos como el odio, y si existe una forma de limitarlos, estaríamos ante la posibilidad de mejorar la condición humana y enmendar sus peores defectos.

Por supuesto son muchos los que apuntan a la inocencia y la sobredosis de utopía que supone pensar en una aldea global en la que todo el mundo perdona a los demás y nadie se enfada con nadie, un mundo basado en las buenas maneras y sentimientos, sin guerras ni luchas de poder. El monje francés responde a quienes dudan con la pregunta que mejor define su visión de la vida: «¿Acaso quieres vivir una vida en la que tu felicidad dependa de otras personas?».

Matthieu Ricard no quiere. Por eso en lugar de una casa en la playa ha elegido una vida contemplativa en el monasterio nepalí de Shechen; por eso ha regalado los millones de euros procedentes de sus libros (se han vendido millones de copias en todo el mundo y han sido traducidos a una decena de lenguas); y quizá por eso ha evitado los conflictos propios de la vida matrimonial. El «hombre más feliz del mundo» no sugiere que todo el mundo haga lo mismo para encontrar la dicha. Sólo que aprendamos que la deseada casa de la playa, los millones en el banco o esa pareja tan atractiva tampoco nos conducirán a ella. Aprender a contentarnos con lo que tenemos quizá sí.

* Vejez: Cuando la agudeza mental y la acción disminuyen, es tiempo de experimentar y manifestar cariño, afecto, amor y comprensión.

* Muerte: Forma parte de la vida, rebelarse es ir contra la propia naturaleza de la existencia. Sólo hay un camino: aceptarla.

* Soledad: existe una manera de no sentirse abandonado: percibir a todos los seres como parte de nuestra familia.

* Alegría: Está dentro de cada uno de nosotros. Sólo hay que mirar en nuestro interior, encontrarla y transmitirla.

* Identidad: No es la imagen que tenemos de nosotros mismos, ni la que proyectamos. Es nuestra naturaleza más profunda, ésa que nos hace ser buenos y cariñosos con quienes nos rodean.

* Conflictos de pareja minimizarlos. Es muy difícil pelearse con alguien que no busca la confrontación.

* Familia: Requiere el esfuerzo constante de cada uno de sus miembros, ser generoso y reducir nuestro nivel de exigencia.

* Deterioro físico: Hay que aprender a valorarlo positivamente. Verlo como el principio de una nueva vida y no el principio del fin.

* Relaciones sociales: Es más fácil estar de buen humor que discutir y enfadarse. Lo ideal es seguir siendo como somos y utilizar siempre que podamos la franqueza y la amabilidad.

* Felicidad: Si la buscamos en el sitio equivocado, estaremos convencidos de que no existe cuando no la encontremos allí.

viernes, 7 de enero de 2011

Mantra Buddha de la medicina



TA YA TA 
 
OM BEKANDZE BEKANDZE
MAHA BEKANDZE BEKANDZE
RANDZA SAMUDGATE SOHA



Otras versiones:

http://www.youtube.com/watch?v=_Gfb7pDcyyM

http://www.youtube.com/watch?v=zBrwore-gvg

Fundamentalmente sirve para curar enfermedades de la piel aunque se utiliza para todo tipo de enfermedades y obstáculos. Es muy utilizado, por ejemplo para tener éxito en la consecución de un proyecto.
 El procedimiento de recitación es el mismo pero esta vez se visualiza el Buda de la Medicina que es de color azul o bien, una esfera de luz azul imaginando que en esencia es el Buda de la Medicina. Se puede visualizar enfrente o sobre la coronilla. Como antes, al recitar el mantra, se imaginan rayos de luz y nectar que viniendo de la esfera de luz, penetran por la coronilla y limpian de todas las enferme­da­des, tensiones y bloqueos. Al acabar la recitación el Buda se absorbe por la coronilla en el corazón y uno siente sus bendiciones.

Con este mantra también se puede obtener agua curativa:

 El mantra de la medicina, también se puede usar para obtener agua con propiedades curativas. Para ello se visualiza la compasión universal, sea en forma de esfera de luz blanca o en forma de deidad, sobre un recipiente de agua limpia (una botella de agua mineral, por ejemplo). El mantra se recita el mayor número posible de veces y se visualiza que la esfera derrama luz y néctar blancos que se absorben en los átomos de agua. Acabada la recitación se imagina que la esfera de compasión se disuelve en el agua. Beber este agua ayuda a la curación y aumenta el poder del organismo para asimilar los medicamentos.

 En particular sirve para aumentar el poder de los medicamentos. Para esto se recita el mantra haciendo al visualización sobre ellos e imaginando que se llenan de la energía luminosa nuclear del Buda de la Medicina.

http://www.eabweb.arrakis.es/


Se podria traducir como:

Haz que el sufrimiento sea tan solo un obscuro recuerdo.
Haz que las enfermedades desaparezcan de la mente y del corazon de todos los seres sensibles.
Haz que todas las personas obtengan salud, bienestar, paz y prosperidad.
De esta manera, haz que las bendiciones de los Budas se derramen como una lluvia generosa sobre quienes lean, pronuncien o escuchen este mantra.

domingo, 2 de enero de 2011

Bodhisattva en el metro



Bodhisattva es un término propio del budismo que alude a alguien embarcado en el camino del Buda de manera significativa. Es un término compuesto: bodhi ("supremo conocimiento", iluminación) y sattva (ser). Así pues, hace referencia a un ser embarcado en búsqueda de la suprema iluminación.

En el budismo mahāyāna, el bodhisattva se convertirá en un ideal de vida al cual todo seguidor budista aspirará. Adquirirá también un significado universalista con el que existirá el objetivo de una liberación universal que incluya a todos los seres vivos. Esta idea universalista será fundamental en este tipo de budismo en toda su historia.

http://es.wikipedia.org/wiki/Bodhisattva

lunes, 27 de diciembre de 2010

El noble sendero óctuple



El NOBLE SENDERO ÓCTUPLE es considerado, según el budismo, como la vía que lleva al cese del Sufrimiento. Este cese del sufrimiento se conoce como NIRVANA.

El Noble Camino es una de las enseñanzas budistas fundamentales: la cuarta parte de las Cuatro Nobles Verdades. En la simbología budista, el noble camino es usualmente representado con la RUEDA DEL DHARMA, donde cada rayo (picos) representa un elemento del sendero. Este símbolo también se utiliza para el budismo en general.

Los ELEMENTOS del Noble Camino Óctuple se subdividen en 3 categorías básicas: sabiduría, conducta ética y entrenamiento de la mente (o meditación); para rehabilitar y desacondicionar la mente. En todos los elementos del noble camino, la palabra «correcta» o «recta» es una traducción de la palabra "sammā" (en pali), que significa plenitud, coherencia, perfección o ideal.

El NOBLE SENDERO ÓCTUPLE es:

* SABIDURÍA

1.- Visión o comprensión correcta.

2.- Pensamiento o determinación correcta.

* CONDUCTA ÉTICA

3.- Hablar correcto.

4.- Actuar correcto.

5.- Medio de vida correcto.

* ENTRENAMIENTO DE LA MENTE

6.- Esfuerzo correcto.

7.- Consciencia del momento correcta.

8.- Concentración o Meditación correcta.

Aunque el camino está enumerado del uno al ocho, normalmente no es considerado como una serie de pasos lineales por los cuales uno debe progresar; más bien, los ocho elementos del Noble Camino «deben ser desarrollados de manera más o menos simultánea, dentro de lo que sea posible de acuerdo a la capacidad de cada individuo. Todos están unidos y cada uno ayuda a la cultivación de los otros»; siendo esta una guía práctica que se hace en paralelo.

domingo, 5 de diciembre de 2010

Si piensas mas en los demás tus problemas se minimizan

Jetsun Pema,'la madre de Tíbet', hermana menor de SS el Dalái Lama


Tengo 70 años. Nací en Lhasa (Tíbet) y vivo en Dharamsala (India). Estoy casada por segunda vez. Tuve tres hijos. Mi hija pequeña falleció hace 5 años, iba a cumplir 36. Tengo un nieto. Mi principal aspiración es que su santidad el Dalái Lama pueda volver a Tíbet. Soy budista.


Sin cicatrices
No necesita adornos ni maquillaje. Su sencillez, su sentido del humor y su dulzura hacen de ella una mujer muy atractiva, sin edad. No necesita doctorados, su humildad y su plena entrega durante 45 años a la educación de los niños tibetanos en el exilio, como responsable del Tibetan Children's Village, la han convertido en una experta en las necesidades humanas desde la infancia. Siempre llamó a todos los niños por su nombre y ellos la llaman Ama La (madre respetada). Como todos los tibetanos, ha pasado y pasa por situaciones muy dolorosas, pero no tiene cicatrices. Ha dado una conferencia sobre Educación: valores humanos para la paz y la no violencia, en la Fundació Casa del Tibet.



Mi infancia transcurrió en un Tíbet feliz y en una familia feliz pese a que mis padres, humildes campesinos, tuvieron dieciséis hijos y sólo sobrevivimos siete.


Todo cambió cuando reconocieron a su hermano como el XIV Dalái Lama.

Sí, a él se lo llevaron al palacio de Potala, y a mi familia, a una gran casa en Lhasa donde nací rodeada de lujos y sirvientes. Pero a los 9 años mi madre (mi padre murió cuando yo tenía 6) me envió a un internado de monjas católicas en India, donde viví hasta los 20 años.


¿Cuándo fue la primera vez que vio al Dalái Lama?

No intimé con él hasta los 16 años, cuando le acompañé a un viaje por India de dos meses y medio. A partir de entonces tuve claro que debía servir al pueblo tibetano.


Usted no quería, pero acabó convirtiéndose en la madre de Tíbet.

Yo quería trabajar junto al Dalái Lama. Mi hermana mayor se encargaba de las aldeas de niños tibetanos en el exilio, colegios, capacitación vocacional, hospedajes juveniles, hogares para ancianos...Pero mi hermana murió y el Dalái Lama me pidió que la sustituyera. Había mucho que hacer.


Pero no era su elección...

Para el budismo, lo importante es sacar el mayor provecho del ahora. Esa forma de pensar hace que la vida se convierta en algo más sencillo.


Ha vivido usted muchas muertes.

Cuando empecé a trabajar con niños, muchos morían porque llegaban en muy malas condiciones al exilio. Yo era muy joven y lo pasaba muy mal. Luego murió mi marido en un accidente de coche, y luego mi hija a los 35 años. Fue muy difícil.


¿Qué le ayudó a superarlo?

Todo el mundo que me rodeaba había pasado por tragedias en su vida, y lentamente aprendes a aceptarlo. Los budistas creemos en el renacimiento, así que morir no es el final, sino otro principio, y eso ayuda.

¿Y nunca ha dudado de la ley del karma?

Por supuesto. A mí me da aliento vivir una vida útil, con objetivo. Si has intentando hacerlo lo mejor que has podido, al final de tu vida todo cobra sentido.


Entonces, ¿hay que esperar?

No, hay que perseverar. Las muertes por las que he pasado han sido los momentos más difíciles de mi vida, pero me hicieron más fuerte, me hicieron crecer. Cuando logras superar esos descalabros, entiendes que ya nada va a poder contigo y llegas a estar en paz contigo misma, y esa paz es lo que me parece más importante.

¿Cuál es el camino?

Ser menos egoísta. Si puedes pensar más en los demás, tus problemas se minimizan. Si eres menos egoísta, no tienes tantos aferramientos, y eso te da paz. Pero es muy importante aprender a conocerse uno mismo.

¿Cómo?
Creo que los retiros son muy útiles, esenciales. No todo el mundo puede hacerlos, pero todos podemos encontrar unos minutos al día para pensar si nuestro día ha sido útil...
Pero la gente está muy ocupada, no tiene tiempo para lo fundamental. Si miras atrás y analizas en qué has estado tan ocupado, puede que empieces a reírte de ti mismo, porque todo lo que hacías quizá no tiene ningún sentido o no tiene importancia. Pero has de encontrar el tiempo para mirarte.


Entiendo.

... Y este no es un consejo budista, es un consejo de anciana, porque cuando era joven no pensaba de esta manera. Si lo hubiera hecho, ahora sería más sabia.

¿Era impulsiva?

Sí, y tenía mal carácter. Todos a mi alrededor decían: “Hay que darle rápido el té, porque si no se va a poner nerviosa”, ja, ja, ja.

¿Le gustaba ser ministra?

No, nada, yo quería estar con los niños. Siendo ministra pierdes el contacto con las cosas del día a día, con la gente, y no llegas a entender qué es lo que realmente necesita. Pedí cuatro veces al Dalái Lama la dimisión.


¿Qué ha sido lo mejor?

He visto niños discapacitados convertirse en artesanos maravillosos; ver que sus vidas tienen sentido me hace muy feliz.


¿Qué se debe enseñar a los niños?

Lo esencial es ganar su confianza y ayudarles a aprender a sacar lo mejor de sí mismos. Si lo consigues, todo va como una seda.


¿Y cómo se hace?

Teniendo un sistema educativo muy holístico que haga que los niños puedan pensar por sí mismos, se encuentren a sí mismos y confíen en ellos mismos.


¿Qué está descubriendo en la vejez?

Por fin puedo asistir a las enseñanzas de su santidad y tener una comprensión más profunda del budismo. Estoy aprendiendo a hacer las cosas sin presión; mi tiempo está en mis manos y disfruto de esa libertad.


¿Qué merece la pena en la vida?

Su santidad dice que es muy importante buscar la felicidad en la vida, ser feliz. Y para eso tienes que preguntarte cuál es el objetivo en tu vida y buscarlo. Para mí, la felicidad ha sido servir a los niños; de manera que al final de mi vida miro hacia atrás y veo un camino con sentido.


¿A través de los otros?

Cuando miro a mi alrededor y veo jóvenes felices, me siento feliz, sí. Vivir en armonía con los demás me parece esencial.


La Vanguardia
La Contra 04-12-2010

domingo, 28 de noviembre de 2010

El pequeño Buda - escena encuentro ego


Companys yoguis i yoguinis, aquí l'escena que avui ens explicava la Cristina a classe, ho veureu sobre el minut 7 del vídeo....la veritat es que es genial....

jueves, 25 de noviembre de 2010

Metta Chant


OM, SHANTI, SHANTI, SHANTI...

Los cuatro inconmensurables

Foto: Neus Bonet
http://unmonparallel.blogspot.com/

METTA (AMABILIDAD)
En el yoga budista, la palabra metta se suele traducir por "amabilidad". Etta está relacionada con las palabras "fina" y "amigo", y significa el sentimiento que se siente hacia un amigo cercano. No es algo sentimental, ni posesivo; es una aceptación leal.
Siéntate en una postura cómoda, reflexiona y repite con esta intención:
QUE SEA FELIZ.QUE TENGA PAZ.QUE ME LIBERE DE DAÑAR.
QUE DISFRUTE DE LA FELICIDAD Y EL ORIGEN DE LA FELICIDAD.
QUE EXPERIMENTE COMODIDAD Y BIENESTAR EN EL CUERPO, MENTE Y ESPÍRITU.

KARUNA (COMPASIÓN)
Está relacionada con la palabra karma. Es la intención y capacidad de aliviar el sufrimiento. Aunque karuna se traduce por "compasión", que literalmente significa "sufrir con", Tich Nhat Hanh, el monje y maestro budista, advierte que no es necesario sufrir para aliviar el sufrimiento ajeno. Buda describió karuna como "la congoja del corazón" que experimentamos cuando nos abrimos y vemos realmente el sufrimiento ajeno.
Siéntate en una postura cómoda, reflexiona y repite con esta intención:
QUE ME LIBERE DEL SUFRIMIENTO. QUE ME ACOJA CON CARIÑO Y AMABILIDAD. QUE ME LIBERE DEL SUFRIMIENTO Y EL ORIGEN DEL SUFRIMIENTO. QUE ME LIBERE DEL SUFRIMIENTO CAUSADO POR LA ENVIDIA (ENFADO O DOLOR). QUE EXPERIMENTE COMODIDAD EN EL CUERPO, MENTE Y ESPÍRITU. QUE RESPONDA AL SUFRIMIENTO CON COMPASIÓN.
 
MUDITA (ALEGRÍA)
El verdadero amor trae alegría, y mudita es la alegría que sentimos ante los placeres mas sencillos, como la sonrisa de un niño o el color azul del cielo, y la ternura que nos invade al observar un cachorro jugando. Al amar, el contento nos invade.
Siéntate en una postura cómoda, reflexiona y repite con esta intención:
QUE SEPA APRECIAR LA FELICIDAD Y LA ALEGRÍA QUE EXPERIMENTO. QUE LA ALEGRÍA QUE EXPERIMENTO CONTINÚE Y AUMENTE. QUE ME LLENE DE ALEGRÍA Y AGRADECIMIENTO.


UPEKKA (ECUANIMIDAD)
La palabra Upekka traducida en la tradición clásica del yoga como "indiferencia", es considerada en la tradición budista como "ecuanimidad". La verdadera ecuanimidad no es indiferencia; es la capacidad de sentir plena conexión, sin apego. Upekka es el último de los cuatro inconmensurables, y el que nos permitirá profundizar mejor en los otros tres.

Después de practicar empezando por ti mismo puedes cultivar metta, karuna, mudita y upekka, para el resto del mundo y enviárselo a los demás:


QUE TODOS LOS SERES PODAMOS ALCANZAR LA FELICIDAD Y LAS CAUSAS DE LA FELICIDAD.
QUE TODOS LOS SERES PODAMOS LIBERARNOS DEL SUFRIMIENTO Y LAS CAUSAS DEL SUFRIMIENTO.
QUE TODOS LOS SERES PODAMOS EXPERIMENTAR SIEMPRE LA AUTÉNTICA ALEGRÍA DESPROVISTA DE TODO SUFRIMIENTO.
QUE TODOS LOS SERES PODAMOS PERMANECER EN LA PERFECTA ECUANIMIDAD, LIBRES DEL APEGO Y LA AVERSIÓN.


Información escogida de varias fuentes



En palabras de Einstein:
“Un ser humano es parte de un todo al que llamamos universo, una parte limitada en el tiempo y en el espacio. Este ser humano se ve a sí mismo -sus pensamientos, sensaciones y emociones- como algo separado del resto; es una especie de ilusión óptica de su conciencia. Esta ilusión es para nosotros como una cárcel que nos limita a nuestros deseos personales y a sentir afecto sólo por unas pocas personas que nos son más próximas. Nuestra tarea ha de consistir en liberarnos de esta cárcel ampliando nuestros círculos de amor y compasión de modo que abarquen a todos los seres vivos y a toda la naturaleza en su esplendor”.


“Diálogos con científicos y sabios” (Ed.Liebre de Marzo)